Cruzando la memoria y el olvido

Clandestinidad
Antonio Jiménez Millán. XIII Premio de Poesía Generación del 27, Visor, Madrid, 2011. 88 pp.
El anterior poemario del granadino Antonio Jiménez Millán, Inventario del desorden , se centraba en la meditación sobre el tiempo con una tonalidad melancólica. También Clandestinidad incide en el decurso temporal de la biografía personal en su cruce con la colectiva o, si se prefiere, en el cruce de la memoria y el olvido. Pero cabe otra tonalidad que la melancolía: la rabia, por ejemplo, o el desengaño. El primer poema, especie de introducción, pero a la vez la mejor pieza del conjunto, se titula «Pasado»: rememoración de un viaje en tren, diciembre, juventud, vagón de fumadores, «un silencio de nieve cruza andenes sin nadie», «entra la noche en el vagón»...: «Soy yo el que recuerda/ a aquel joven que hacía / un viaje larguísimo entre dos ciudades / en el mes de diciembre de 1976», cuando para aquel joven veinteañero el futuro era promesa; es el adulto de hoy el que sabe que la promesa fue «niebla falsa» y el humo del vagón de fumadores imagen plástica de lo que se esfumó. Un par de datos más nos interesan: el momento de los retazos biográficos recreados: años últimos del franquismo y del posfranquismo; y la conciencia de que la memoria tiene un componente ficticio: «Acaso la memoria me traicione», escribe el poeta al confrontar las huella del pasado con el presente. Se recupera «un mundo convertido en despojo por el tiempo», figuras espectrales. No importa que el poeta aluda a determinados momentos de su propia biografía, sino el contraste entre el entonces y el ahora que estructura muchos poemas para observar el desgaste de ilusiones y de las propias palabras, envejecidas, cuando no carentes de sentido. Lo dicho se refiere básicamente a la primera parte del poemario. La segunda poetiza una biografía colectiva que nos atañe. Es la biografía del dolor y del mal, de determinados momentos de la historia: el comienzo de la guerra civil, los funestos 11 de marzo o de septiembre, crímenes políticos del cono sur americano, etc. En la parte tercera asistimos a la caída de los sueños, por así decir, objetivada en figuras míticas (Helena) o del celuloide (Marilyn) o en cualquier personaje común. En la parte final leemos algunos poemas excelentes, algunos breves, al contrario que la mayoría, como «Niebla», por ejemplo: un paisaje neblinoso y la memoria que reaviva imágenes, pero «no sabe si inventa su pasado»; pero «Aulas» es el poema más atractivo, aunque sólo sea por los versos finales dirigido a los alumnos: «Quise decirles /que el arte no es distinto de la vida / y a veces nos reserva, / en medio de la noche más cerrada, / una pasión antigua, un gesto cálido / igual que el sol de octubre / a principio de curso».
En resumen: poesía que necesita contar para que estalle el canto. Narratividad y lirismo unidos en la poetización de los laberintos de la memoria y el yermo del olvido.