A propósito de una lápida en Morgovejo
Cuenta el dominico genovés Santiago de la Vorágine en La Leyenda Dorada que los después santos Cosme y Damián fueron unos hermanos nacidos en Egea (la antigua Alejandreta y hoy la ciudad turca de Iskenderun).

Morgovejo. A la entrada de una casa está la lápida, que llegó desde una ermita hoy desaparecida.
Los dos, dice, «se dedicaron al arte de la medicina y, ayudados por el Espíritu Santo, adquirieron tal habilidad y competencia en el arte de su profesión, que lograban curar de sus dolencias fuesen las que fuesen, no sólo a las personas sino también a los animales». Lo hacían, además, por caridad, conociéndoseles por ello con la palabra griega de anágiroi. Nos proporciona la fecha aproximada de su martirio, que ocurrió en tiempos del emperador Diocleciano. Se acepta, en fin, que los santos Cosme y Damián fueron decapitados hacia el año 300 después de Cristo. Su culto se propagó en Oriente Próximo tempranamente, pues a lo largo del siglo V se les habían dedicado ya templos en ciudades como Ciro o Constantinopla. De allí pasó indudablemente a Roma donde a finales de ese siglo se construyó en su memoria un oratorio en el Esquilino. El papa Félix IV magnificó su culto consagrándoles en el foro romano una basílica, que existe y se puede ver en la actualidad, que anteriormente había estado dedicada a Rómulo.
Cuándo y cómo llegó a España el culto de los santos Cosme y Damián ofrece muchas dudas. Pero existe ya a mediados del siglo VII porque San Ildefonso figura como abad de un monasterio de su titularidad existente en Toledo.
Una ermita desaparecida
Existió en Morgovejo, al sitio que llaman El Campo , una ermita intitulada Nuestra Señora de los Mártires San Cosme y San Damián. Sabemos que a finales del siglo XIX se encontraba completamente arruinada, o estolerada , que es la palabra que utilizan los documentos. Y que, al menos tres generaciones atrás, debía ya encontrarse así. La ermita, que lindaba a todos los aires con terreno común, debió ser adquirida por un particular en el transcurso de alguna desamortización. En 1893, la ermita junto con sus antojanos , pertenecía a nueve personas que decidieron venderla. Maximino Prieto Prieto ha tenido acceso al documento de compraventa, otorgado en 26 de diciembre, en el que cada uno de los propietarios expresa de dónde proviene la parte indivisa que en ella tienen: herencia de padres, tíos o abuelos. La compró Pedro Rodríguez Borregán, uno de los propietarios, que pagó por las partes restantes 241 reales.
Años después, se construyó en el pueblo una casa, la que han habitado siempre Antonio y Ana, en la que se empleó la piedra de aquella ermita. A la entrada de la casa se colocó una lápida que se trajo de allí y que era probablemente una lauda votiva o, en opinión de Gómez Moreno, un ara. Gómez Moreno no estuvo en Morgovejo pero, tal como recoge en el Catálogo monumental de la provincia de León , Miguel Bravo le envió una copia. Si Miguel Bravo la copió personalmente o no es imposible de dilucidar. Tampoco parece probable que se la proporcionase su hermano Clemente, cuya presencia en Morgovejo está documentada por una publicación titulada Un rincón de la montaña donde, sin embargo, no alude para nada a ella y sí al castro de La Canalina. Y pudiera ser, acaso sea lo más seguro, que la copia se la proporcionase a Miguel Bravo Raimundo Rodríguez, natural de Morgovejo, que desde julio de 1911 ejercía como beneficiado contralto de la catedral. En cualquier caso hay un claro error de lectura en la primera de las fechas consignadas donde se omite un V hoy perfectamente apreciable.
La lápida está rota en su parte superior izquierda, aunque no puede ser mucho el trozo que falta, pues en la primera línea solamente se echa de menos una letra. Aunque pudiera ser que hubiese tenido alguna línea más en la parte superior. Tampoco parece probable que tuviese algún tipo de decoración, pues sin duda se hubiese conservado al utilizarse como elemento arquitectónico. En fin, la inscripción reza así:
La traducción
Su traducción es la siguiente: «El noveno día antes de las kalendas de julio [el 23 de junio] de la era 935 [año 897] se colocó aquí el relicario de los santos Cosme y Damián. Fue restaurada [la iglesia] en la era 982 [año 944]. La levantó el presbítero Emiliano y la restauró el obispo Pelayo».
Dice Gómez Moreno que este último año, 944, «no conviene con ninguno de los Pelayos obispos conocidos». Lo cual es estrictamente cierto, aunque también lo es que el episcopologio legionense no está del todo cerrado y alguno de los problemas que plantea se refiere precisamente a los obispos llamados Pelayo. Por otra parte, hay que tener en cuenta que la última frase da la impresión de haberse escrito más tarde y diríase que, incluso, con cierta desgana , que a lo mejor resulta en realidad falta de práctica del grabador que ni siquiera calcula bien el espacio y se ve obligado a cortar la palabra episcupus de esa manera tan poco ortodoxa.
Que la ermita de los Santos Mártires fuera simplemente eso, ermita, parece algo extraño para los siglos IX y X en los que tenemos constancia, gracias a la documentación conservada en el Archivo de la Catedral de León, de la creación de pequeños monasterios que andando el tiempo desaparecieron.
En cualquier caso, quede ahí ese documento tan interesante en el que los habitantes de Morgovejo tienen probablemente el primer referente de su historia.