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Un bosque lleno de misterios

Diente de león
Mónica Rodríguez. Ilustr.: Ximena Maier. Edelvives, Zaragoza, 2011. 160 pp. Premio Ala Delta 2011 de Literatura Infantil. A partir de 10 años
La memoria a veces vuela como un diente de león por el aire. Así le ocurrió a Manuel, un jubilado de 68 años que había ido al hospital a visitar a un conocido. Y como lo confundieron con un voluntario, por eso de los malos entendidos, comenzó a acompañar a Nicolasa, que «no tiene a nadie. Absolutamente a nadie» después de que «vio a la anciana en la cama, como un pajarito bajo las sábanas, flaca, desconsolada, gimiendo…». No sabía quién era. «No me importaba –dice-, solo sentía en mi mano el recuerdo de la suya que me había hecho volar como un diento de león por el aire. Eso bastaba».
Así empezó todo.
Y llegaron los recuerdos del bosque. Agarrado de la mano de Nicolasa, Manuel va desgranando los descubrimientos y la realidad del bosque de su infancia, donde, sobre todo, vivía Mirta, de la que «estaba enamorado… Hasta las orejas»: historias diversas, ricas siempre, vivas, el espíritu del bosque se puebla de fantasmas, de árboles, de animales… y los dos niños de entonces, Mirta y Manuel, se convierten en protagonistas en aquel entorno social de posguerra, deprimido y doloroso.
Es verdad que acompañar a Nicolasa era por aliviar su memoria «contando a una desconocida aquel pasado tantos años escondido». Por eso «entendió de golpe que lo que llevaba buscando en sus visitas al hospital era eso, el perdón. Sí, el perdón de Nicolasa, aquella desconocida que le recordaba vagamente a Mirta y que había abierto las esclusas de su recuerdo».
El pasado escondido tiene que ver con los huidos de la guerra que buscaban cobijo en el bosque. Dolorosos episodios que acabaron en un incendio y que dejan en el aire la pregunta de saber quién es el culpable. Algunos episodios de la posguerra marcan el destino de Manuel, el protagonista, entonces niño, hasta su vejez.
Estamos ante la lectura de una novela espléndida, cuyo tema está tratado con delicadeza, en un tono en que lo poético, el fondo misterioso y la ternura están siempre presentes. Lleno de imaginación y vitalidad, quedan muy bien dibujados algunos personajes y hay un perfecto juego de los tiempos, entre el presente y el pasado, constituyendo dos historias no solo bien definidas e hilvanadas, atractivas sobre todo. Los capítulos, breves, hacen que la lectura sea más intensa y entretenida.
Las ilustraciones, en blanco y negro, modernas y sencillas, fortalecen el texto por su carácter narrativo.
Una obra, en fin, en que la culpa, el amor o la traición son algunos de los sentimientos que construyen esta historia de emociones.