DAVID FERNÁNDEZ SIFRES. ESCRITOR
«Escribo lo que me apetece contar»
David Fernández Sifres ha sido galardonado en cerca de una veintena de premios de relatos. Tiene publicada la novela infantil ¡Que viene el diluvio! Y este año ha obtenido el prestigioso Premio de Literatura Juvenil «Alandar», convocado por el Grupo Editorial Luis Vives, con la novela El faro de la mujer ausente (Ver Filandón, número 1.251: 2 de octubre de 2011), una novela de misterio y amistad sobre la que hablamos con el joven escritor leonés.

David Fernández Sifres (León, 1976) ha obtenido el prestigioso Premio «Alandar» de Literatura Juvenil en su última convocatoria.
—Tiene otra novela anterior, ¡Que viene el diluvio! , para niños de 8 años. ¿Cómo fue su acercamiento a la literatura infantil y juvenil? ¿Por qué ha elegido un público tan particular?
—No fue algo premeditado. Si tuviera que resumirlo diría que escribo porque me divierto y, en ese sentido, me siento cómodo en el registro infantil y juvenil. No tiene más misterio. Me encanta inventar historias y, de momento, la mayoría de las historias que me invento se pueden encuadrar en lo que se entiende por literatura infantil y juvenil. En cualquier caso, suelo decir que lo que escribo son historias que pueden disfrutar ya –y subraya el «ya»- los niños o los jóvenes, no solo los adultos. Tiene esto importancia porque mucha gente entiende el calificativo de «juvenil» o «infantil», aplicado a la literatura, como excluyente, es decir, libros que solo puede leer ese público. No lo comparto. Yo, como adulto, disfruto muchísimo leyendo novelas infantiles o juveniles. Y por supuesto, también novelas para adultos.
—Sabemos que le gusta narrar relatos o historias con misterio. ¿Qué es lo que le atrae de este género a la hora de escribir?
—Creo que uno es «esclavo» de lo que leyó de niño. Algunos de mis primeros recuerdos de infancia giran en torno a los libros de Los Cinco , de Enid Blyton. Los releía constantemente. Tenían de todo: aventura, amigos, paisajes, misterios… Lo que escribo parte de esos libros y de todos los que leí después.
—¿Qué le inspiró para escribir El faro de la mujer ausente ?
—En la primavera de 2001 me fui unas semanas a Ruan, la capital de la Región de Alta Normandía, en Francia, a estudiar. Allí confluyeron, creo, una serie de situaciones que, varios años después, darían lugar a este libro. Por un lado, el hecho de que todos los estudiantes, de nacionalidades diferentes, éramos conscientes de que nuestros caminos vitales se cruzaban durante solo esas semanas y que, al despedirnos, nunca más volveríamos a vernos. Por otro, las playas del Desembarco de Normandía. Pisar las mismas playas en las que, apenas cincuenta años antes, chavales de nuestra edad se estaban matando y cayendo en número de miles me hizo pensar en lo caprichoso del destino, el sinsentido de las guerras y lo afortunados que éramos.
En tercer lugar, la circunstancia de que la casona en la que recibíamos las clases hubiese sido, en la época, cuartel general de los alemanes y, posteriormente, con el avance aliado, prisión de aquellos, o que el bosquecillo en el que hacíamos deporte estuviera sembrado de viejos búnkeres semiocultos, me hizo reparar, desde un nuevo punto de vista, en que la guerra no es una película, no es un juego de ordenador, sino que está ahí, es real. Y esa sensación de realidad se está perdiendo.
Y, finalmente, el hecho de que durante aquellas semanas me cruzara cada día con ancianos que habían vivido esa guerra y el tratar de intuir los secretos inconfesables que guardaría cada uno, los horrores que no podrían olvidar o, incluso, las historias de esperanza que podrían contarnos, me hizo tener claro que quería escribir una historia sobre todo aquello.
Es cierto que son obviedades, pero durante ese tiempo lo sentí todo mucho más cercano, arrancado de los libros de historia que había estudiado. Es una de las cosas que quise transmitir.
—Teniendo en cuenta lo que ha comentado, la pregunta es obligada: ¿Qué hay de real en la novela?
—Después de lo que he dicho podría pensarse que se trata de una especie de diario de lo que allí viví, pero nada más alejado de la realidad. Ninguno de mis amigos de aquellas semanas aparece en el libro ni, por supuesto, yo mismo. En el libro solo quedan, de aquellos días, las sensaciones, algunos lugares y la Historia, con mayúscula, porque esa está escrita y, lamentablemente, no puede cambiarse. La otra historia, con minúscula, y todo lo demás, es inventado. Pero, como dijo doña Ana María Matute en el Cervantes, créanselo, porque me lo he inventado.
—En el día a día es funcionario de la Escala Superior de Técnicos de Tráfico. ¿Cuántas calles tiene para usted la literatura? ¿Todas las ideas tienen luz verde, a la hora de escribir? ¿Cuándo se debe poner un «stop»?
—Yo me invento historias y las escribo, con todo lo que ello conlleva. Pero lo hago porque disfruto, como un hobby al margen de mi trabajo. Desde ese punto de vista no puedo entenderlo de otra forma que no sea la de libertad absoluta. Ajustándome a la pregunta, para mí tiene calles infinitas y todas con luz verde. Escribo lo que me apetece contar. Luego, unas cosas me gustan, y otras no e, incluso, de las que a mí me gustan, solo algunas les gustan también a los demás. Eso no quiere decir –me refiero ahora a los «stop»- que no haya que cuidar determinados enfoques cuando se escribe para niños y jóvenes.
—¿Qué le significó recibir el premio «Alandar» por esta novela?
—En primer lugar, una sorpresa tremenda. El faro de la mujer ausente es mi primera novela juvenil, estoy aprendiendo, me considero un novato. Los concursos son una magnífica forma de tantear qué tal lo has hecho, no ya por el premio, que también, puesto que todos guardamos una íntima ilusión de ganarlo, sino por la seguridad de que las novelas son leídas y de que algunas pueden resultar interesantes para la editorial.
Por otro lado, un premio de una editorial como Edelvives es, sin duda, un estímulo impagable para seguir inventando historias.
—Imagine que está frente a un gran auditorio y tiene que incentivar a miles de jóvenes a leer su novela. ¿Qué les diría?
—Que al que la lea y haga un resumen le regalan dos entradas en primer fila para un concierto de Lady Gaga. Esto no fallaría. Ahora en serio, les diría que leyeran el prólogo y que, después, decidieran si continuar o no. Como he dicho, es una historia de la que yo quería saber más y, en el prólogo, he intentado contagiar esa curiosidad.
Si tuviera que explicar alguna otra cosa les diría que no miento, en el sentido de que no lleno hojas y hojas por el hecho de querer escribir un libro. Este libro lo he escrito porque tenía algo que contar. Cuando salgo del cine o cuando cierro un libro que acabo de leer me gusta tener la sensación de que ha merecido la pena gastarme unos euros, de que el tiempo empleado en ver la película o en leer la historia no ha sido tiempo perdido. Y también pienso en eso cuando escribo.
—¿Cuáles son sus próximos proyectos literarios?
—He terminado dos novelas infantiles, tengo una juvenil muy avanzada y otra que está deseando pasar al papel. De todas formas, todo lo que escribo, una vez terminado, suelo dejarlo en un cajón para no leerlo de nuevo hasta semanas después. Es entonces cuando me doy cuenta de si aún creo que merece la pena o si, por el contrario, se me cae de las manos.
En cualquier caso, mientras disfrute, seguiré escribiendo. Y si a alguna editorial le interesa algo de lo que escriba, ¡genial!