Nos queda la palabra
l. El escritor leonés deja un legado poético de una gran profundidad . Dentro de su actividad literaria aportó buena parte del corpus teórico de la célebre revista ‘Claraboya’

josé antonio llamas
La inesperada muerte de Agustín Delgado ha sido un mazazo en el alma de quienes lo apreciábamos como persona y como poeta. Con la persona de rostro pensativo y triste mantuve en los últimos años una relación fluida y cariñosa. Con el poeta la mantendré siempre, porque su palabra es de las que se quedan. Del poeta voy a tratar en las líneas que siguen.
Agustín Delgado nació en Rioseco de Tapia (León) en 1941. Doctor en Filosofía y Letras, ejerció la enseñanza en España y Francia. Dentro de la actividad literaria, en tiempos jóvenes aportó buena parte del corpus teórico de la revista Claraboya , y, sin duda, la elaboración del concepto de «poesía dialéctica» en cuyo ámbito ha de inscribirse su obra en verso. La revista, con 19 números, sobrevivió entre 1963 y 1968, y fueron sus poetas, además de Delgado, Ángel Fierro, José Antonio Llamas y Luis Mateo Díez. En De la diversidad (Poesía 1965-1980) (1983) reunió Delgado su obra hasta aquel momento, dividida en dos etapas por el autor, una primera de desarrollo narrativo y objetivista y otra de mayor desnudamiento, reflexión e ironía. En 2001, con el título Espíritu áspero (2001) publicó Delgado una extensa selección de su obra poética, precedida de un largo prólogo del propio poeta.
El mismo título le sirvió en 2010 para publicar el conjunto de su obra, que aparece definitivamente estructurada en tres partes o momentos. La primera comprende El silencio (1967), Nueve rayas de tiza (1968), Cancionero civil (1970), A urora boreal (1971), Espíritu áspero (1974) y Discanto , escrito entre 1975-80, pero publicado por primera vez en De la diversidad ; la segunda etapa o «Ciclo de los sansirolés» está formado por los poemarios Sansirolés (1989), Mol (1998) y Zas (1999); un tercer momento lo forma el libro ¿Y? (2007); el mundo poético de Delgado se completa, con las Coplas de Fidelio , que Delgado escribió a lo largo del año 1969 y que corrieron anónimas y llegaron a la revista Triunfo , que las acogió en su sección de «Celtiberia show». Fuera de su poesía reunida, anotamos el Parnasillo provincial de poetas apócrifos (1975), que escribió con L. M. Díez y J. Mª Merino.
De El silencio escribió el poeta que «fue fruto de un juego de laboratorio» que consistió en «redactar convulsivamente», en Málaga y en solo tres días de septiembre de 1965, «determinadas situaciones vitales acaecidas en mi estancia como estudiante-obrero ese verano de 1965 en Frankfurt» y que respondían a una situación general de mayor relieve: el trabajo y los emigrantes en la Alemania vencida de la posguerra y la rebelión interior frente a ese mundo metido en la reconstrucción rápida, la tecnología y la insolidaridad con el extranjero. De ahí que el silencio del título sea, en realidad, la suma de muchos silencios.
En Málaga residió el poeta joven tres años, durante los cuales escribió Nueve rayas de tiza y Cancionero civil , que afianzaban la narratividad y la objetividad. En Nueve rayas de tiza el poeta impone un cierto distanciamiento del yo ante las cosas, los hechos y las situaciones. La realidad captada es la que brota del vivir cotidiano, cerrado e infeliz, en contraste irónico con los valores eternos que el poder proclama, frente a los que el poeta alza el suyo: la libertad, con hondas resonancias a lo largo del poemario. Lo más visible del Cancionero civil , por otra parte, es la considerable extensión de sus seis composiciones. La crítica al pensamiento y las actitudes burguesas y aristocráticas se manifiesta por medio de la cesión de la voz a los personajes de los que habla, recogiendo de manera jocosa y mordaz a la vez sus maneras y modales alambicados, sus trivialidades, modas, ideas insulsas, etc.
En 1968, Agustín Delgado consigue plaza por oposición en la enseñanza secundaria, lo que le supone abandonar el sur por un paisaje netamente castellano. Es el paisaje de Aurora boreal . En Espíritu áspero y Discanto avanza el poeta decididamente hacia la depuración del lenguaje reducido a sus puros huesos. Ha comenzado la labor de depuración y rigor, de concentración frente a la efusión verbal, de ingenio sutil y abarrocado y de enunciados crípticos frente a la argumentación lógica, de la alusión y la elisión frente a la expresión directa.
El ciclo de los sansirolés lo componen, como se ha dicho, tres libros de semejante carácter: Sansirolés , Mol y Zas , a los que podemos añadir ¿Y? . El término incluye un punto de comicidad; es un «divertimento» abarrocado, pero de condensada brevedad, impregnado de elementos satíricos e irónicos, cuando no sarcásticos, y de rupturas y recomposiciones fónicas, léxicas y semánticas que sirven de crítica de otros discursos (poéticos, políticos, etc.).
Delgado siguió como poeta un camino independiente, ajeno a los beneplácitos de la crítica, que en la segunda mitad de los sesenta empezó a dar cobijo a las maneras «novísimas», culturalistas y esteticistas. Agustín Delgado se mantuvo fiel a su entendimiento de la poesía imbricada en la vida y en la realidad histórica y social, sin que ello impidiera la reflexión sobre la palabra, aspecto muy marcado en las últimas etapas, aderezado con ironías, burlas y sarcasmos. Quizá la autenticidad y la «disidencia» sean las notas definidoras de la labor poética de Delgado.