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El padrino de las letras leonesas
DURANTE LAS ÚLTIMAS DÉCADAS, SANTOS ALONSO FUE EL MÁS FIEL SEGUIDOR DE NUESTRA LITERATURA. PROFESOR UNIVERSITARIO Y ESPECIALISTA EN NOVELA ESPAÑOLA, VOLCÓ SU ACTIVIDAD PROFESIONAL EN LA DIFUSIÓN DE LOS ESCRITORES LEONESES.

Santos Alonso (1949-2012) murió el domingo, después de unos meses de refriega con la enfermedad, en los que había atenuado el ritmo de su trabajo, pero no la inquietud de las lecturas ni la pulsión de los versos, un arrebato creativo en el que ya estuvo antes de dedicarse al generoso estudio de la obra de los demás. También tuvo Santos Alonso la pasión dramática, como autor y director de la compañía Oráculo Teatro, pero al final se impuso su dedicación al análisis y divulgación de las novelas de sus contemporáneos.
Letras De La Transición
Yo conocí a Santos en el Madrid de los setenta, a través de su hermano Luis (1944), con quien compartí autoría en el libro colectivo La cultura española durante el franquismo (1977). En aquel volumen, que aspiraba a hacer balance de una época, Luis se ocupó del arte y yo de la novela. Poco después, me presentó a Santos, que entonces todavía se llamaba Urbano, en una terraza veraniega de León. Como Urbano firmaba el libro de poemas que me pasó en nuestro reencuentro, ya en Madrid. Entonces lo incorporé a colaborar en Reseña , la revista cultural de los jesuitas, y en La estafeta literaria , cuya sección de libros dirigía Leopoldo Azancot.
En la primavera de 1980 se produjo un cambio en la dirección de la Casa de León en Madrid y la revista quedó bajo la responsabilidad de un consejo de dirección en el que estábamos, a la sombra tutelar de Luis Alonso Luengo y Florentino Agustín Díez, Aparicio, Luis Mateo, Merino, José Luis Gutiérrez y yo. En el otoño de aquel año empezaron a colaborar en la revista los hermanos Luis y Santos Alonso, con estudios sobre artistas y escritores actuales de la tierra, que darían como resultado sus libros respectivos Pintores leoneses contemporáneos (1983) y Literatura leonesa actual. Estudio y antología (1986).
DOS HERMANOS CON EL ARTE
Y LA LITERATURA
Luis, el hermano mayor, era pintor abstracto (firmaba sus cuadros como Alonso Fernán), doctor en Letras y en Bellas Artes, experto en arte contemporáneo y director del Museo de Sevilla, además de profesor universitario y responsable del master de Museología de la Complutense. En su época de seminarista había hecho vidrieras y murales en varios templos rurales. Creo haber visto obra suya de aquel tiempo en la iglesia nueva de Crémenes. El batacazo de un ictus inclemente lo apartó de todo hace años.
Santos se doctoró (1978) en Letras con una tesis sobre Baltasar Gracián, que vería la luz tres años más tarde en las ediciones de la Institución Fernando el Católico, dependiente de la Diputación de Zaragoza: Tensión semántica (lenguaje y estilo) de Gracián . En 1980 publicó en Cátedra la edición de El Criticón, y dio a conocer sus poemas en las revistas Poesía hispánica y Cuadernos hispanoamericanos . En aquella época le importaba mucho la poesía, cuya remota cadencia permanece en mi recuerdo asociada a los versos de Blas de Otero. Alguna vez fuimos juntos a su casa de Saconia.
Santos vivía por López de Hoyos y era profesor de Instituto en Madrid. Más tarde, tuvo destino durante un curso en Peñafiel y este desplazamiento hizo que nos encontráramos con cierta asiduidad en el Valladolid del estreno autonómico. Entonces me regaló su ensayo sobre La novela en la transición (1983), que articula sobre quince títulos de esos años, entre los que figuran novelas de Pereira, de Fernández Santos, de Guerra Garrido y de Merino. Era el momento de la puesta en marcha de la Autonomía y Santos recibió una beca para completar su libro Literatura leonesa actual , en la misma convocatoria en que también fueron financiados el estudio sobre la poesía regional de Miguel Casado y el truncado viaje por el Duero de Julio Llamazares.
EL AMIGO DE LOS ESCRITORES
Como había hecho su hermano Luis, con los textos sobre artistas leoneses contemporáneos publicados en la revista de la Casa de León en Madrid, Literatura leonesa actual se nutre de los ensayos publicados en la revista, a los que añade el estudio de otros tantos autores, hasta sumar diecisiete. Recuerdo la discusión de algunos nombres fronterizos, así como su apuesta por incorporar al dramaturgo Fermín Cabal, el más joven de los seleccionados, que encabeza Crémer. El libro da cuenta de la obra pujante de una generación de escritores que entonces despunta. Están los clásicos —Crémer, Gullón, Carnicer, Nora—, los intermedios —Fernández Nicolás, Pereira, Gamoneda, Fernández Santos, López Álvarez— y los jóvenes: Merino, Delgado, Aparicio, Elena Santiago, Luis Mateo, Torbado, Colinas y Cabal.
No acabó ahí su tarea de entrega y dedicación a las letras leonesas. En 1986 publicó la antología de relatos Figuraciones , donde incorpora a los clásicos los nombres de Enrique Álvarez, Ricardo Cantalapiedra, Loureiro, Llamas y Trapiello. Hace ediciones críticas de novelas de Marsé, Mendoza o Luis Mateo, de los cuentos de Merino y de la poesía de Eugenio de Nora. En 2003, el libro La novela española en el fin de siglo 1975-2001 culmina su revisión de la narrativa de una época emergente en la que era el más destacado especialista.