POESÍA
La emoción que se nutre de la tierra
DONDE LOS OJOS MIRAN Adolfo Alonso Ares Prólogo de José María Balcells, Instituto Leonés de Cultura, (col. Provincia), León, 2012. 92 pp.

El buen poeta trata de acotar un territorio propio que aunque linde con otros no se confunda con ellos. En ese territorio modela sus materiales hasta convertirlos en palabra transitiva, identificable con un nombre que en el caso presente es Adolfo Alonso Ares y su último libro, Donde los ojos miran.
En realidad son dos los terrenos amojonados por el poeta astorgano, uno temporal y otro espacial. El temporal remite a la infancia, cada vez más neblinosa, acaso más imbuida de melancolía tanto por su pérdida como por su imposible recuperación; la palabra se impregna así de un halo elegíaco: no atrapa la realidad perdida, sólo la representa.
El ámbito espacial del paraíso perdido es de carácter rural, un ámbito acosado también por la niebla del tiempo. Espacio y tiempo son los ejes que se cruzan en la poesía de Adolfo Alonso.
Por otro lado, no podemos decir que esta poesía sea realista, sino trasfiguradora. El poeta no describe lo vivido: lo sueña. Sueña el mundo que fue y no fue su mundo. Lo sueña un sujeto que es y no es el yo del pasado. De ahí la extrañeza de expresiones como: «Este destino / tiene raíz de nada en el silencio». Tiene raíz en el tiempo, que es la nada, lo que ya no es más que en la memoria, «ese mundo que se ha escondido en mi memoria», pero que sigue siendo raíz y sustento, «la voz que me alimenta y me sostiene», que llega calcinada por el tiempo, pero convocada por el poeta, aunque lo que finalmente atrape la voz sea el silencio, sea el vacío, sea «esa ausencia final que convocamos / delante del espejo». Sí, la poesía de Alonso Ares es primero y fundamentalmente elegíaca.
Otros aspectos pueden ser subrayados. Toda una serie de verbos van apuntalando la intensa isotopía del mundo ruinoso que aparece en la poesía de Alonso Ares: perder, borrar, apagar, deshacer, desgastar, desmoronar, desangrar... Este último verbo, muy recurrente, indica que la pérdida es dolorosa: sigue desangrándose en los versos del poeta. Otra palabra muy reiterada es emoción. Es la que toca las fibras del sentimiento: «Emoción de la nada que fabrica / cántaros / con arcilla de los sueños».
En otro caso comenta el poeta: «mi condena / ahora necesita / huellas humanizadas»: el humo en las paredes del hogar, los pucheros, los signos de la pobreza: lo que acompaña todavía, lo que el poeta convoca para que los rescoldos de la antigua hoguera templen la memoria y la poesía.