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El tutor de los «niños de la guerra»
ANTONIO RODRÍGUEZ-MOÑINO (1910-1970) PUSO EN MARCHA HACE SESENTA AÑOS REVISTA ESPAÑOLA, QUE AGRUPÓ E IMPULSÓ A LOS JÓVENES ESCRITORES DEL MEDIO SIGLO. CATEDRÁTICO REPRESALIADO, SE HABÍA CASADO EN LA GUERRA CON LA BIBLIOTECARIA MARÍA BREY (1910-1995), LA TÍA ROJA DE RAJOY.

Moñino, el tío rojo de Rajoy, y debajo los Aldecoa bautizando su revista con un porrón de vino
En aquel grupo de jóvenes escritores, que nutre lo mejor de la literatura de los cincuenta, figuran varios leoneses, como Josefina Rodríguez de Aldecoa y Jesús Fernández Santos, más Ignacio Aldecoa, Juan Benet (que, años después, fundará su espacio novelesco de Región en la montaña del Porma), Medardo Fraile, Carmen Martín Gaite, Carlos Edmundo de Ory, Rafael Sánchez Ferlosio y Alfonso Sastre. Algunos ya han publicado sus primeros libros o estrenado con éxito obras teatrales, mientras los dos leoneses arrastran el desengaño de sus novelas en el Nadal. La maestra asturiana Dolores Medio y su finalista de Montejos Severiano Fernández Nicolás condenan Los bravos y La casa gris a seguir inéditos.
EL TÍO ROJO DE RAJOY
Moñino conoce a aquellos chicos en su tertulia del Café Lyon, a la que se desplaza desde el Gijón, para aprovechar el arranque de la tarde. La mayoría son estudiantes rebotados, que saltan de una a otra carrera, para entretener el tiempo. Pero todos saben que Moñino necesita la media hora anterior a la tertulia para despachar la correspondencia, que más tarde entrega al buzón de Cibeles. Luego abre su «cátedra del Lyon», como la bautiza Lázaro Carreter, donde enseña quien ya es considerado como primer especialista en nuestro Siglo de Oro. Por allí pasan hispanistas extranjeros, colegas represaliados, alumnos despiertos y jóvenes escritores, que aguardan su turno.
Moñino perdió su cátedra después de la guerra, mientras su mujer era alejada, tras cuatro años sin empleo, a la biblioteca de Hacienda en Huelva. Se habían casado en Valencia el 26 de enero de 1939, en el despacho de María Moliner, que fue su madrina. En la Valencia del final de la guerra, Moñino trabaja con la imprenta Tipografía Moderna, a cuyo amparo fundará en 1945 la Editorial Castalia. Allí se imprimen los boletines clandestinos de la Unión de Intelectuales Libres, para los que el historiador Tuñón de Lara hará el relato de la represión en León, donde sobrevive un par de años como panadero.
LA MEJOR BIBLIOTECA
La labor de Moñino y Brey durante la guerra en Madrid, al frente del salvamento del tesoro bibliográfico, les valdrá el reconocimiento de algunos colegas y la acusación de unos cuantos ventajistas. Marcel Bataillon lo llama «príncipe de los bibliófilos». Inhabilitado como catedrático durante 20 años, lo reponen en el Instituto de Valdepeñas, cuando ya trabaja con su mujer en Nueva York, realizando el Catálogo de manuscritos españoles de la Hispanic Society. Antes había llevado la Fundación Lázaro Galdiano. En 1960, el gobierno veta por dos veces el intento de Gregorio Marañón de hacerlo académico. Será elegido en 1966, mientras profesa en Berkeley (California). Su mujer lo sobrevive 25 años, que dedica a ordenar la mejor biblioteca privada de España. A su muerte, lega los diecisiete mil volúmenes y casi cuatro mil grabados a la Academia de la Lengua, que inauguran los Reyes el 5 de octubre de 1995.
EL IMPULSOR DE LA RENOVACIÓN
En los días cenicientos del medio siglo, Moñino acumula una notable trayectoria como editor de cancioneros, estudioso de la literatura extremeña y bibliófilo. En la tertulia lo acompañan otros postergados, entre los que destaca el soriano Gaya Nuño. Y se le acercan los jóvenes escritores más inquietos, que rehúyen los escenarios oficiales. Moñino publica en Castalia El santero de San Saturio (1953), de Gaya, y un año después Los bravos , de Jesús Fernández Santos, la novela que discurre en Cerulleda y que antes de su paso por el Nadal, se había publicado en folletón en la revista Ateneo , a lo largo de 1952. La sede de Revista Española (1953-1954) será el piso de los Aldecoa, en el 63 del Paseo de la Florida, donde dan tardío remate a su jornada los jóvenes del grupo. La dirección la llevan Aldecoa, Ferlosio y Sastre. Se publican seis números que suman 636 páginas, en un formato como el de la orteguiana Revista de Occidente . Gaya hace la crítica de arte y Miguel Pérez Ferrero (el abuelo secreto de los García Alix) la de cine. En sus páginas, Josefina Aldecoa traduce un cuento de Truman Capote y se publica Max , la obra de teatro de Juan Benet que recuperarán en León los chicos de Margen, como estreno de sus Cuadernos (1981). La revista contribuye a «afrontar las penalidades que nos asedian y a darles expresión artística». Desaparece prematuramente, por el escaso eco que obtiene y por la falta de tenacidad de aquellos jóvenes, pero su plataforma resultará decisiva para el lanzamiento del grupo que hace la mejor literatura del medio siglo.