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Una reina de novela
URRACA (1079-1126) FUE LA PRIMERA REINA EUROPEA Y ESA ANTI-CIPACIÓN LE COSTÓ MUY CARA. ALCANZÓ EL TRONO SIENDO VIUDA Y SE VIO FORZA-DA A CASARSE. PERO NO CEJÓ EN EL EMPE-ÑO DE ENTREGAR LA CORONA A SU HIJO. PARA ELLO, TUVO QUE ENFRENTARSE A LA IGLESIA Y A LOS NO-BLES, CON UN ARROJO QUE FASCINÓ A SUS CONTEMPORÁNEOS. divergente

Retrato de Urraca que se exhibe en el Salón de los Reyes del consistorio de San Marcelo
Sin duda, fue una mujer muy superior a las expectativas de su tiempo. Por eso, la vida no le resultó nada fácil. Hija de Alfonso VI, que la tradición atribuye a relaciones incestuosas con su hermana Urraca, se verá relegada en la sucesión por su hermanastro Sancho. El rey acaba de sufrir la humillación del juramento de Santa Gadea y toda la nobleza entiende que fue la mano que armó a Bellido Dolfos en Zamora. Al morir el príncipe Sancho en Uclés, Urraca se convierte en heredera. Cuando entierra a su padre en Sahagún, es coronada como reina de toda España. Entonces se le plantea la exigencia de tener marido y se casa en el castillo palentino de Monzón durante las vendimias de 1109. La Crónica de Sahagún, que califica aquel matrimonio como «un ayuntamiento excomulgado y maldito», recuerda también las heladas que agriaron el nuevo vino. No era un buen presagio, desde luego.
TRADICIÓN LITERARIA
Antes de protagonizar en 1982 la novela Urraca, de Lourdes Ortiz (1943), que ha conocido unas cuantas ediciones, su descollante peripecia animó dos dramas de autores muy diversos: Lope de Vega, fascinado por su aventura con el conde de Candespina, y el romántico Antonio García Gutiérrez, que realza la defensa del hijo que luego será Alfonso VII, ante los intentos de acabar con él de su segundo marido, el rey aragonés Alfonso I el Batallador. Aquel mismo año se publicó la primera monografía sobre el reinado de Urraca, obra del medievalista Bernard F. Reilly, que sigue sin versión española. Tendrían que pasar décadas hasta que vio la luz el estudio universitario de Portela y Pallares (2006), resultado de un encargo realizado por el medievalista salmantino José-Luis Rodríguez (1936-2004).
La novela romántica del diecinueve nos muestra dos imágenes distintas, aunque tintadas con el mismo tono negativo que acarrea la historia oficial. El asturiano Patricio de Escosura ofrece en 1832 la estampa de una Urraca ambiciosa, seductora y aposentada en el poder, mientras tres lustros más tarde el novelón de Navarro Villoslada se recrea en los abusos de la reina tiránica y dominante. Así estaba el paño de la historiografía circulante. La Crónica Compostelana, que caricaturiza a Urraca como víctima de amores desenfrenados, nos habla de una reina que gobernó «tiránica y mujerilmente durante diecisiete años y concluyó, de parto adulterino, su infeliz vida en el castillo de Saldaña».
LA ADÚLTERA DE PLATERÍAS
Urraca reinó durante diecisiete años (1109-1126), entre su padre Alfonso VI y su hijo Alfonso VII. Dos novelas actuales recomponen su peripecia: la ya mencionada Urraca (1982), de Lourdes Ortiz, y La reina Urraca (2000), de Ángeles Irisarri, disponible en bolsillo. Son dos relatos muy diferentes, aunque coinciden en el rescate de la imagen de Urraca.
La novela de Lourdes Ortiz la cuenta el monje Roberto, miniaturista e hijo de un campesino de Sahagún al que el abad mandó arrancar los ojos por coger leña en las tierras del monasterio. Empieza con la entrada de Alfonso VI en Toledo y culmina cuando Urraca es llamada a la Corte por su hijo. Urraca le va contando sus recuerdos al joven Roberto, que también acabará siendo su amante. En ese recuento asistimos a los sucesos más relevantes de su reinado y a los episodios más íntimos de su vida.
Su relación con los hombres, atraídos por su belleza, de los que la novelista destaca al arzobispo Gelmírez y a su segundo marido, el rey aragonés. Alfonso el Batallador sólo logrará consumar el matrimonio ante testigos cuando ella le da la espalda.
No serán más satisfactorias las relaciones con Gelmírez, auténtico genio malo en la vida de la reina, que se alió sucesiva y alternativamente con los maridos, con la reina y con su hijo, enfrentando a unos con otros. También fue su amante impotente y se vengó de la humillación mandando tallar a Urraca en el pórtico de las Platerías de la catedral de Santiago como la mujer adúltera, que lleva la cabeza de su amante en la mano. «Haré que los siglos contemplen tu pecado esculpido en piedra».
TORBELLINO MEDIEVAL
La reina Urraca, de Ángeles Irisarri, tiene un formato más tradicional. Aquí la narradora es Sancha, hija de la reina, cuya imagen personal y política se reivindica sin tapujos. El relato recorre los avatares de su reinado: la boda con Alfonso I y sus desavenencias, el repudio posterior, el papel que juega con su hijo el arzobispo Gelmírez, los encuentros desabridos con su hermanastra Teresa, que quiere ser reina de Portugal, los amores con los condes de Candespina y Lara o los suplicios de su «brazo seco» que sólo le calman las aguas del balneario de Boñar. Al final, incorpora una antología de opiniones de historiadores de todas las épocas sobre la reina. Fue tanto el peso de la maledicencia, que la tradición asimila su nombre al de barragana. De hecho, dejó de utilizarse.