Un aniversario lleno de letras
La prestigiosa colección ‘Letras Hispánicas’, que celebra el cuarenta aniversario, es un recorrido intenso por la literatura en lengua española. La presencia leonesa es muy rica y diversa

Portada del libro ‘El último lector’, de David Toscana.
Bajo el sello de Ediciones Cátedra nació en 1973 la colección Letras Hispánicas, sin duda la que más títulos de clásicos anotados tiene en el mercado. En estos cuarenta años de andadura, con 725 títulos en la calle, ha logrado un merecido prestigio, que consolida con el volumen conmemorativo: Philosophia vulgar, de Juan de Mal Lara, publicado en 1568. La obra recoge los 1.001 dichos glosados por Mal Lara, además de los 300 que cita a lo largo de sus comentarios. «Se sitúa en el ápice de la investigación alrededor de la sabiduría popular, representada por los refranes, y su originalidad consiste no sólo en recoger todo el inmenso caudal que provenía de los refraneros anteriores, sino más bien de recuperar, con una investigación de campo, los que quedaban en la memoria de sus contemporáneos y de facilitar a todos el acceso a una antigua cultura autóctona que tenía sus raíces en el pueblo». A lo ancho de estos siete generosos centenares de títulos, y como no podía ser de otra forma, es general la presencia leonesa. En todos los géneros. Y tanto de creadores como de estudiosos. Coincide, además, el período de vida de la colección con el momento estelar de nuestros escritores que, incluidos en ella, adquieren la condición de clásicos.
clásicos leoneses
Tres de nuestros clásicos por antonomasia aparecen en la colección: Juan del Encina, con el Teatro completo, en edición de Miguel Ángel Pérez Priego, que destaca cómo el dramaturgo imprime ritmo teatral, fija las condiciones de la puesta en escena y potencia el elemento lírico y musical; el Padre Isla y su Fray Gerundio de Campazas, que deja ver la inteligencia, la crítica y el mal humor del leonés, en una edición de Enrique Rodríguez Cepeda. El tercer clásico es Enrique Gil y Carrasco, que en El señor de Bembibre, bajo la responsabilidad de Enrique Rubio, ofrece una novela con todos los requisitos románticos: enfrentamiento ideológico entre padres e hijos, intrigas, enredos y trágico desenlace.
José María Balcells ( Introducción al símbolo de la fe , de Fray Luis de Granada), Emilio Martínez Mata ( El sí de las niñas , de Leandro Fernández de Moratín) y Germán Gullón ( La desheredada, de Benito Pérez Galdós) son nuestros estudiosos que se encargan de acercar y contextuar las obras citadas.
contemporáneos
Cuatro son los poetas que hasta ahora han merecido registrar su nombre en el prestigio de estas páginas. Se da la curiosidad añadida de que en tres casos los responsables de la edición son igualmente leoneses. Éstos: José Enrique Martínez recoge En la luz perdida tres libros de poesía de Antonio Colinas; el recientemente fallecido Santos Alonso se encarga de Días y sueños. Obra poética reunida (1939-1992), de Eugenio de Nora. Javier Huerta Calvo nos acerca la figura de Leopoldo Panero, hoy más conocida por elementos extraliterarios, En lo oscuro.
Antonio Gamoneda es el cuarto. Edad está a cargo de Miguel Casado.
Por reunir el género, subrayamos la referencia americana. Ricardo Gullón se responsabiliza de las Páginas escogidas de Rubén Darío.
En el caso de los narradores, la duplicidad a la que nos referíamos en el caso de la poesía es aquí doble. Santos Alonso tiene a su cargo La fuente de la edad, una novela de profundas raíces tradicionales y populares que Luis Mateo Díez publicó en 1986. En Recuento de invenciones de Antonio Pereira, José Carlos González Boixo nos permite seguir la evolución del autor, uno de los maestros de la narrativa breve.
La presencia de narradores registra otros tres nombres más: Raúl Guerra Garrido (edición de José Ángel Ascunce), que en El año del wólfram sitúa la acción en el Bierzo durante la primavera de 1945; Julio Llamazares: Luna de lobos ( edición de Miguel Tomás Valiente) hoy es considerada un clásico de la novela española del siglo XX. Y José María Merino obtuvo su consagración literaria con La orilla oscura ( 1985), de cuyo análisis se encarga Ángeles Encinar.
No se acaba aquí la onomástica leonesa de este rico y selecto catálogo.
Una de las más reconocidas especialistas de la narrativa breve, Irene Andres-Suárez es la responsable de uno de los títulos más recientes de la colección: Antología del microrrelato español (1906-2011). Josefina Aldecoa, por su parte, presenta una selección de Cuentos de su marido, Ignacio Aldecoa, uno de los maestros indiscutibles del género.
José Carlos González Boixo comenta dos obras de narrativa hispanoamericana: La muerte de Artemio Cruz ( Carlos Fuentes), novela de gran intensidad temática, centrada sobre todo en el México surgido de la Revolución, y Pedro Páramo ( Juan Rulfo), título que entronca con los principales renovadores de la literatura occidental, novela que arrastra al lector del desconcierto a la sugestión, de la realidad a lo mágico, de la vida a la muerte.
El teatro está representado por Fermín Cabal, sin duda nuestro representante más significativo del género y uno de los más genuinos del teatro español de los últimos años del siglo XX. El volumen, al cuidado de Antonio José Domínguez, contiene dos obras: ¡Esta noche, gran velada! Castillos en el aire y, aunque con argumentos muy distintos, están conectadas a través de sus protagonistas.
En definitiva, un panorama espléndido. Y una orientación esencial para quienes deseen desgranar las esencias de nuestro panorama literario, tan rico y diverso.