«Se hace en León, pero se oye en España»
l. Diario de León reflejó paso a paso, hace ahora 50 años, los albores de una revista esencial, ‘Claraboya’. «Son todavía muy jóvenes estos poetas, Pero revelan auténtica densidad y elevada calidad. habrá que citarles algún día por su nombre...», exponía marcos oteruelo en las páginas del diario

Unos jovencísimos Ángel Fierro, Agustín Delgado y José Antonio Llamas en el Montseny, en los años sesenta
La tradición de las revistas literarias leonesas en muy notable. Hay suficientes publicaciones que lo acreditan. Dos de ellas, sin embargo, han tenido una proyección única y excepcional. Me refiero a Espadaña y Claraboya . Respecto a esta última, es necesario anticipar lo muy arropada y bien recibida que fue por la prensa local, incluso antes de aparecer, especialmente por parte de Diario de León. Este periódico confirma, una vez más, la atención que ha prestado, a lo largo de más de un siglo de historia, a todos los movimientos y manifestaciones literarias surgidas en esta tierra.
En este asunto quiero centrar la atención de este artículo. Hay dos libros que dimensionan con precisión, entre otras publicaciones, el alcance de la revista: La revista Claraboya (1963-1968): un episodio fundamental en la renovación poética de los años sesenta , de Juan José Lanz, y el publicado por sus responsables —Luis Mateo Díez, Agustín Delgado, Ángel Fierro y José Antonio Llamas—: Equipo ‘Claraboya’. Teoría y poemas . Me quedo mucho más cerca y acudo a sus primeros pasos, acompañando al Diario de León en algunos de sus apuntes de los años 1963 y 1964, los años en que la revista echa y asienta sus raíces.
La revista apareció por estas fechas de hace medio siglo. «Ha escogido un buen momento para nacer», escribía Alfredo Marcos Oteruelo en el artículo La importancia de empezar (19 de agosto de 1963) dentro de su columna Buenas tardes, León , que empezaba así: «Dentro de unos días —escasísimos, días que para alguien le están resultando demasiado largos— aparecerá una nueva revista en León». «Se llamará Claraboya », afirma en el texto. El 9 de septiembre Antonio G. de Lama titula su columna Cada día con el nombre de la publicación: Claraboya . Dice, entre otras cosas: «En este primer viaje ya se han embarcado unos cuantos, poetas y también pintores. Porque esta revista lleva unos hermosos dibujos, de jóvenes leoneses, que valen tanto como los versos. Y, por cierto, que los versos valen mucho. Son todavía muy jóvenes estos poetas. Pero, en su técnica y en su espíritu, revelan auténtica densidad y elevada calidad. Habrá que contar con ellos. Y habrá que citarles algún día por su propio nombre, que hoy no dice nada a los lectores, pero que muy pronto dirá mucho. La revista sale muy bien presentada. Casi con lujo. Buen papel, buena impresión, bello formato. Da gusto ver así los versos. Pero, claro, lo importante son sus versos. Y éstos, bien puedo asegurarlo, son buenos. Algunos muy buenos. Hay poesía de la buena. Y, naturalmente, muy actual. Tan actual como lo exige la edad de estos muchachos que, alegremente, irrumpen en medio de nuestra desgana, con anhelos de mover y remover el ambiente cultural, artístico, poético, de León. Estas palabras quieren ser sólo un saludo al juvenil equipo de Claraboya ».
Tres días más tarde Mayca daba también la Bienvenida y expresa fervientemente los deseos de que se cumplan los propósitos de los componentes. La publicidad de Claraboya , este mismo día, nos ofrece su dirección y precios.
El prestigio como aval
La abundancia de la información que va salpicando las páginas del Diario a lo largo del tiempo está sustentada fundamentalmente en Antonio G. de Lama, que, por una parte, conoce muy bien a la mayoría de sus componentes —no en vano algunos habían sido alumnos suyos—, sino porque el profesor era una voz autorizada en este campo y vivía siempre atento a los momentos y movimientos literarios. Ser recibida la revista como lo fue por su parte era una garantía de calidad. Sus afirmaciones eran un riesgo, pero acertó una vez más.
Uno supone, por el tono, la precisión y la condensación, que la reproducción de la portada en la sección de Arte y Literatura del día 20 de septiembre, con el texto La nueva revista , sea de él. Quede aquí por lo significativo de su contenido: «Los poetas, los buenos poetas, aciertan siempre. Estos poetas leoneses, jóvenes y buenos poetas, han acertado esta vez al elegir el título de su Revista. Claraboya suena bien. Y tiene un significado poético, luminoso. La poesía, efectivamente, siembra, como una claraboya, las oscuridades del mundo y de la vida. La luz no es suya, le viene de arriba. Pero ella la recoge y la esparce sobre todo lo que está debajo. Esta claraboya se abre con espléndida luz. Bajo esta luz se afanan unos poetas, inquietos, vivaces, que sienten sobre sus almas el deslumbramiento de la poesía y quieren hacernos ver a todos lo que ellos ven y comunicarnos lo que ellos, a esa luz descubren. La poesía es revelación. Y cada poeta nos revela facetas del mundo y de la vida que los demás no vemos y ellos intuyen. Vamos a meternos debajo de esa luminosa claraboya para gozar de su luz y aprender sus revelaciones».
Justo una semana antes, y prácticamente a toda página, uno de los periodistas de prestigio que durante este medio siglo se ha ocupado en el seguimiento de la cultura leonesa, Félix Pacho Reyero, entrevista al director de la revista, Bernardino M. Hernando, «el más viejo, que todavía no tiene treinta años». Parte Pacho Reyero de la tradición leonesa de revistas y noticias de poesía y hace referencia a Espadaña , que «llegó a tener un significado decisivo en el panorama de la poesía española, porque dio cauce a unos poetas que hoy ya pasean su nombre por las mejores antologías y porque fue germen de una manera nueva de concebir y de fabricar la misma poesía». Pero Hernando establece diferencias: «Creo que Espadaña —dice— nació como una revolución y Claraboya nace como una oportunidad para dar salida y nombre a los poetas jóvenes». Aclara el sentido de la revolución espadañista a petición del periodista: «Como deseo de imponer un criterio de sinceridad radical, rompiendo con las formas de un garcilasismo que hacía versos bien construidos, pero fríos. Entonces existían grupos; hoy apenas existen. Claraboya no es más que el órgano de un grupo de poetas jóvenes». Entrevistado por José Luis Aguado (23 de noviembre de 1964), Antonio Pereira zanja así la cuestión: «… no se puede hablar de sustituciones. Digamos, dos empresas distintas para dos circunstancias también diferentes».
Insiste Bernardino M. Hernando en «un objetivo muy concreto y muy simple: publicar versos. Nos proponemos elegir versos que sean buenos. Y para que la aventura perviva y no tengan que poner dinero de su bolsillo, bastante habitual en estas empresas, necesitamos unas doscientas suscripciones. De momento sólo tenemos cuarenta». Teniendo en cuenta su carácter bimensual, y tal como reza la publicidad (por ejemplo, 12 de septiembre, aunque aparecen varios días durante este mes), las suscripciones anuales son 100 pesetas; 55 las semestrales y 20 el número suelto.
Nombres propios
Suele afirmarse que un proyecto de estas características suele consolidarse a partir de la quinta entrega, más o menos. De ahí el seguimiento de la revista en el Diario durante los años 1963 y 1964. La avalancha informativa que precedió a la salida de Claraboya y en torno al primer número fue remitiendo, a no ser que en la búsqueda se me hayan escapado detalles. Se daba noticia de los números siguientes (17 de marzo, 4 de septiembre de 1964), subrayando los nombres de los autores de los textos poéticos y dibujos (Higinio del Valle, José Antonio Díez Rodríguez…). Antonio G. de Lama insiste periódicamente desde su columna Cada día (5 de octubre, 18 de noviembre de 1964). De esta última fecha subrayamos un par de ideas, muy esclarecedoras a mi juicio: «El viernes leerá, en el Club de Prensa, sus versos Antonio Pereira. Unos días después leerá también los suyos José Luis Chiverto [por cierto, un gran olvidado]. Los dos son poetas leoneses de la nueva generación que sigue a otra muy destacada, la de Espadaña . Detrás de estos asoma ya otra nueva promoción en los jóvenes que hacen Claraboya . Son tres generaciones o tres promociones de una misma generación en este resurgimiento o nacimiento de León a la poesía… Los últimos, los de Claraboya , tienen su revista, muy bien presentada y que va ganando terreno día a día».
La remisión informativa es, sin embargo, aparente. Hay dos razones que sustentan la afirmación.
La primera es que, al año de aparecer el primer número de la revista, se inicia una serie que, titulada Claraboya y la poesía nueva , inicia su recorrido por los nombres propios de sus responsables y colaboradores, en el que, después de una breve introducción, se reproducen poemas del autor. Así «Luis Mateo Díez escribe desolaciones» (4 de septiembre, 1964), «Ángel Fierro hace poemas desde los 10 años» (18 de septiembre, 1964), «Publico Lorenzana es el más joven» (2 de octubre, 1964). La frase es también de González de Lama (5 de octubre, 1964). Se refiere a que los de Claraboya , para dar amplitud a su labor, «han hecho un concurso para premiar un libro de poesía».
Es la segunda razón que sustenta la información continuada, diversa en la medida que lo permite pivotar sobre el mismo eje.
El Diario hace un seguimiento integral del premio: convocatoria (6 de marzo, 1964), con un premio de 5.000 pesetas y edición del libro. Se presentaron veintidós ejemplares. Pasaron a la final ocho, cuyos títulos se ofrecen el día 2 de octubre. El día 5 se da la noticia de la ganadora, por unanimidad: Mercedes Saorí (Madrid, 1910) por el libro Así en la tierra como en el sueño . Se da cuenta en varios momentos de los componentes del jurado —Antonio González de Lama (presidente), Antonio Pereira, Antonio Gamoneda y el padre Eutimio Martino, que también aparecen en fotografía, deliberando— y el periódico publicó, en fin, tres sonetos del libro galardonado el 14 de octubre.
Está claro que el nacimiento y la peripecia vital de la revista Claraboya estuvo muy arropada, informativa y afectivamente, por el Diario de León. El mérito, qué duda cabe, es de los responsables de la publicación poética. Entre los profesionales del periódico encontraron, sin embargo, la sensibilidad suficiente para entender que la nueva aventura merecía la pena y era de largo alcance. El tiempo consagró a los primeros y dio la razón a los segundos: Claraboya fue esencial en la renovación poética de la época. Una visión entonces. Un honor hoy.