Diario de León

Vivir sobre los escombros del XX

l. Giesbert novela en ‘La cocinera de Himmler’ cómo sobrevivir a los traumas y la tribulación. LA COCINERA DE HIMMLER Franz Olivier Giesbert Editorial Alfaguara

Luca Piergiovanni

Luca Piergiovanni

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catalina guerrero
León

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Franz-Olivier Giesbert, gran figura del panorama cultural francés, repasa las barbaries del siglo XX, «el de los asesinos», en La cocinera de Himmler , cuya epopeya es, pese a todo, «un himno a la vida, un himno a la alegría». Con Rose, la protagonista de esta novela histórica editada por Alfaguara, Giesbert reconoce en una entrevista con Efe que ha puesto «el listón muy alto» al hacer que la protagonista defienda su divisa, «la alegría de vivir», incluso en «el horrible siglo XX, en medio de escombros, de tragedias, de los muertos y de carnicerías».

Y es que Giesbert, director del semanario Le Point, uno de los periodistas más respetados y, a veces, temidos, de Francia, alguien que no soporta «a los quejicas», dice que hay mucho de él en Rose. «Ese personaje soy yo, pero también la persona que me hubiese gustado ser», afirma Giesbert, nacido en Wilmington, Delaware (Estados Unidos) en 1949, de un padre de origen alemán, escocés y judío, que emigró a la Costa Este estadounidense durante la Primera Guerra Mundial y que volvió a Europa para participar en el Desembarco de Normandía, donde conoció a su madre. A Giesbert, quien ha estado también al frente del semanario Le Nouvel Observateur y del diario Le Figaro , le habría gustado tener, señala, «su coraje, su carácter fuerte, su capacidad increíble de sobreponerse, sin jamás dejarse vencer, sin dejarse abatir». «Ese también es mi temperamento, pero yo no he vivido guerras, aunque sí pequeñas tragedias», dice en alusión a la constante «violencia conyugal» que padeció su madre, a los golpes que también recibió él o a la violación que sufrió de pequeño por un vecino en Normandía, donde creció junto a sus cuatro hermanos, tabúes que rompió en L’Américan , una de sus novelas de mayor éxito.

Un libro que escribió con la «urgencia» de quien le acaban de diagnosticar un cáncer y quiere solucionar problemas con sus hijos para decirles: «mirad cómo era mi padre y hoy lamento haber sido demasiado duro con él (el Desembarco le traumatizó para siempre); me arrepiento de no haberle perdonado en vida». Un libro que también, continua, fue «una especie de reconciliación» entre sus hermanos y hermanas, que también tuvieron una «infancia difícil» al sufrir igualmente la violencia paterna, de la que nunca habían hablado, y que leyeron y aportaron sus vivencias a L’Américan .

Pese a todo, Franz-Olivier, el primogénito de los Giesbert, presume de no haber necesitado «nunca psicoanálisis», gracias, cree, a su madre, profesora de filosofía, a la que dedicó el libro Dieu, ma mère et moi , y que le mostró «el camino» de la resiliencia. Esa facultad de sobreponerse al dolor emocional y a los traumas es la columna vertebral de La cocinera de Himmler, «un himno a la vida, un himno a la alegría, a sobrevivir cueste lo que cueste». Una alegría, unas ganas de vivir que ha visto en mucha gente «formidable» que vivió en sus carnes los desgarros del siglo XX, como los deportados, que vieron «cosas atroces», pero que siguieron «amando la vida, amando a los hombres pese a los hombres».

Giesbert, «hijo del siglo XX», desconfía, como todos los que han sufrido su rodillo, de la «Historia con mayúsculas», y le dan «escalofríos» aquellos que quieren cambiar su curso. Fue el caso de Hitler, Stalin y Mao, que figuran en el «palmarés del horror» del «siglo de los asesinos», con la friolera de 230 millones de muertos a sus espaldas, según cálculos del Instituto Clingendael.

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