Diario de León

Para lectores avezados

LA SED DE SAL Gonzalo Hidalgo Bayal Tusquets Editores, Barcelona, 2013. 320 pp.

Publicado por
nicolás miñambres
León

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No es gratuito afirmar que Gonzalo Hidalgo Bayal es en la actualidad uno de los mejores estilistas españoles, especialmente por su manejo de la retórica clásica, tan olvidada, o desconocida, por los escritores actuales. El espíritu áspero (2009) es buena prueba de ello. Esta pericia sin embargo presenta una contrapartida: la dificultad de su asimilación por parte de muchos lectores acostumbrados a un estilo plano y convencional.

La sed de sal (afortunado palíndromo para un título cargado de llamativa polisemia a lo largo de la novela) responde a las observaciones anteriores. Se trata en teoría de una novela negra, pero la forma de resolver el desenlace y especialmente los recursos narrativos desbordan los planteamientos habituales del género. En la novela se narra la llegada de un personaje, Travel, a Murania, siguiendo la estela de Walter Alway, un hispanista norteamericano que en los años treinta dejó plasmadas sus experiencias por esas tierras en Travel of Murania . Las pretensiones literarias de Travel quedan truncadas al ser encarcelado erróneamente por la desaparición de una joven en las fiestas de «pandorgas y venerandas». Puesto en libertad, Travel vuelve a Madrid abrumado por un extraño pesimismo, «con la intención de olvidarlo todo», y con el hallazgo inesperado de una fotografía de la que no tiene conciencia de haber hecho.

Planteada con una clara función apelativa, Travel narra sus amargas experiencias desde la visión confesional de la segunda persona, visión que se transforma en un mensaje cargado de hondas resonancias culturales y de documentos de la literatura de todas las épocas. El título es un referente constante respecto a estos mundos artísticos, cuyo eco transforma la realidad, los personajes y sus escenarios. La elaboradísima construcción de la obra, en fondo y en forma, culmina en un aforismo desalentador: «Todos bebemos agua sucia y no sabemos quién la enturbia».

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