poesía
No hay verdad más profunda que la vida
las pequeñas espinas son pequeñas Raquel Lanseros Premio Jaén de Poesía, Hiperión, Madrid, 2013. 80 páginas.

Raquel Lanseros es autora de Leyendas del promontorio (2005), Diario de un destello (2005), Los ojos de la niebla (2008) y Croniria (2009), con importantes premios la mayoría de ellos. Unión de pensamiento y emoción, vitalismo apasionado, trascendencia de lo personal hacia más generales consideraciones y vigor expresivo son algunas de las características comunes a todos ellos, así como a su nuevo poemario, Las pequeñas espinas son pequeñas , en el que el sentido temporal de la existencia se hace más acuciante.
Dos versos nos meten de lleno en el asunto: «Ayer nomás una chiquilla apenas, / una mujer cumplida a día de hoy»; a la chiquilla y a la mujer seguirá «esa tercera / que seremos un día de sienes plateadas». La chiquilla que fue, la mujer que es y la cabeza plateada de mañana: las tres mujeres del poema que representan el transcurso vital del hombre, el río manriqueño hacia la muerte. «El enigma delante, lo irrecuperable / detrás», expresa otro poema. Y entre ellos, el presente, «entre paredes vacías y selladas». La mirada al pasado suele llevar a la añoranza de lo perdido y el enigmático futuro a la interrogación sin respuesta. La añoranza cuaja en un poema excelente, «Villancico remoto», que evoca la infancia, cuando «el frío todavía no existe»: «Yo tuve un cielo claro de abuelos y de estrellas, / una casa en solsticio y un jardín en el alma»; pero el tiempo ha pasado y se constata la existencia del frío en la piel y de otro frío peor, «el que hiela por dentro», por lo que la vida se convierte en sentimiento de pérdida, en anhelo de retorno a aquel jardín añorado, indudable trasunto de un paraíso del que todos fuimos expulsados. A la infancia remite, entre otras cosas, el sentimiento que la lluvia provoca: «Mirar llover es algo / a lo que comparezco a través de la infancia». «¿Por qué me sobrecoge la oración de la lluvia?», se pregunta la poeta. Y es que la lluvia evoca y convoca: y aquella lluvia siempre seguirá cayendo.
Sin embargo, pese al tiempo, la nostalgia y la muerte, hay en la poesía de Raquel Lanseros una profunda afirmación vital que es más relevante en el poema que cierra el poemario y en el último verso del mismo: «No hay verdad más profunda que la vida». Esta afirmación vital encierra un sentido relativamente optimista de la vida, acorde, creo yo, con el fulgor creativo de la poeta, ajeno a languideces sentimentales, a falsos retoricismos o a la palabrería inútil.