Diario de León

La hazaña de sobrevivir

l. Almudena Grandes publica ‘Las tres bodas de Manolita’, tercera de las seis sobre la Guerra Civil. Las tres bodas de manolita Almudena Grandes Tusquets. 768 páginas. 22,90 euros.

javier lizón

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miguel lorenci
León

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Supervivencia, esclavitud, amor y traición en la miserable España de la posguerra. Esos son los ingredientes de Las tres bodas de Manolita (Tusquets), la voluminosa novela con la que Almudena Grandes (Madrid, 1960) alcanza el ecuador de su aventura narrativa más ambiciosa. Una suerte de episodios nacionales de la guerra y la posguerra de inspiración galdosiana que comenzó con dos novelones dedicadas a los maquis del Valle de Arán - Inés y la alegría- y a la guerrilla de la serranía de Jaén - El lector de Julio Verne- y que ahora llegan a Madrid y Bilbao. Cambia la escritora «la épica del guerrillero por la del superviviente» para cumplir cita con lector y desvelar el sistema esclavista que soportaron miles de mujeres vencidas en instituciones religiosa conniventes con el franquismo. Un tiempo duro e inmisericorde «de una miseria atroz que hoy muchas series de televisión disfrazan de glamour».

Como en las entregas anteriores es una mezcla de ficciones e historias reales. Incorpora la peripecia muy real Isabel Perales, una de las miles de mujeres esclavizadas en los colegios religiosos de los vencedores «para purgar las penas de sus padres». La dolorosa juventud de esta mujer, hoy con 88 años y que le ofreció las claves de la niñas esclavas, se mezcla con los truculentos vis a vis de pago que un cura corrupto organizaba en la gigantesca cárcel de Porlier de Madrid a cambio de dinero, tabaco y pasteles, y la rocambolesca introducción de tres multicopistas que los comunistas colaron de matute y que ni eran capaces de hacer funcionar.

«Huyo de la truculencia como de la peste y he tenido que ser muy cuidadosa para contar una historia ferozmente dolorosa sin llenarlo todo de kétchup y sin ser panfletaria» anticipa la narradora.»Tenía un argumento terrible pero no quería hacer una novela triste; aunque muera hasta el apuntador, lo sustancial era trasmitir el optimismo y la fe en el futuro que destilas los supervivientes». Nada que ver con esa corriente de moda glorificada en las series de televisión «que pintan una época glamurosa plagada de bellas mujeres y apuestos espías en un Madrid parecido a Londres o París».

«No creo que nadie se atreviera a filmar la verdad realmente miserable de aquel tiempo que no vende nada, al contrario de ese glamour artificial que tanto encandila al espectador» lamenta la escritora que ha visto varias de sus novelas traducidas a imágenes. Lo dice con conocimiento de causa, tras una década devorando cuanto hay escrito sobre la guerra y la posguerra «un periodo ignorado, ya que mucha gente no quiere saber nada de cómo vivían sus abuelos, aunque se interese por la mserias de sus vecino franceses o alemanes».

No ha hecho distingos entre bandos, facciones ideologías en un lecturas que «me sirvieron para aprender, comprender y darme cuenta de que no sabía nada» y descubrir realidades terribles, «como la de esos críos cuyo pecado original era ser hijos de rojos y fueron forzados a redimir su penas». Una experiencia «de una crueldad infinita» confirmada de primera mano Isabel Perales.

Internada con su hermana Pilar en el colegio bilbaíno Zabalbide, de los Ángeles Custodios, fueron forzadas a cocinar y lavar con sosa cáustica y las manos desnudas -hoy las tiene aun destrozadas- las ropas de los vencedores. «Fueren esclavizadas gracias al mismo decreto franquista que permita robar los hijos a las presas republicanas». «Es una novela de barrios, de una pandilla del madrileño barrio de Antón Martín sobre la que pasa la guerra y la posguerra privándoles de casi todo» resume la autora esta fábula coral. Narra en primera persona en los capítulos pares en tercera en los impares, dando voz a un sinfín de personajes «hasta tejer un enorme tapiz».

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