Diario de León

POESÍA

La mordida moneda de los años

los desengaños Antonio Lucas XXVI Premio Fundación Loewe, Visor, Madrid, 2014. 88 pp.

Publicado por
josé enrique martínez
León

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Con Los mundos contrarios (2009), Antonio Lucas mostró que sabía administrar sabiamente un moderado irracionalismo junto a una tendencia reflexiva que es ya marca y señal del nuevo libro, de titulo muy expresivo: Los desengaños . El poeta, muy cerca de la cuarentena, piensa lo que es la vida y no puede irrumpir en un canto de alegría. La vida es, en efecto, el verdadero asunto del poemario, o acaso el hombre y el pobre resultado de su vida. Somos algo residual, escombro, derrumbe, muerte sucesiva a lo Quevedo: «Empezaste a morir lentamente hace más de 30 años». Y no otra cosa depara el previsible futuro. De ahí la reiteración a lo largo del poemario de dos palabras: miedo e intemperie. Se vive a la intemperie y el miedo es algo ínsito en la existencia misma. Todo vivir se reviste de fracaso, nada se asienta sobre la certeza si no es aquella que nos dice que «ser joven es hacerse viejo más despacio». En este punto podría preguntarse el poeta qué herencia recibimos y qué herencia dejamos. Acaso sólo el hecho de haber pasado por el mundo. El poeta insta a borrar las huellas de nuestro paso, a depositar en la propia memoria la mordida moneda de los años que morirán con ella. «¿Qué ha quedado del comercio en furia de lo joven?», inquiere renovando el tópico del ubi sunt ? Y el poeta responde: «Mi ceniza de hombre y su cruda deriva».

En uno de los poemas de Los desengaños , el protagonista ha alcanzado la cima de la montaña, pero no parece interesarle el paisaje que contempla desde la altura. Lo que le atrae es pensar sobre la vida, y aunque surjan contados instantes de íntima plenitud, no se entrega al posible júbilo porque al fin «el mundo es tránsito y ventana,/ algún lance de luz si tienes suerte». En otro poema, el cabo de Gata inspira imágenes vigorosas como «la luz demorándose en su rápida avalancha», pero siempre la idea acaba sobrepasando a los sentidos, pues «esta dulce corrupción de paraísos/ es un largo ensayo hacia la nada».

La soledad está inscrita en el hecho mismo de ser y de vivir, pero no es una soledad recluida en sí misma, sino hermanada con otras soledades, singularmente en la del amor. Si no estoy equivocado, la visión desengañada del poeta solo la alivia el amor, con espléndidos poemas sobre el tema, la evocación de la infancia y, naturalmente, la poesía. La de Antonio Lucas es una poesía netamente reflexiva, guiada por la palabra brillante cuando es preciso y por un acusado sentido rítmico.

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