«Con la edad, la poesía termina»

l. El gran superviviente de la literatura estadounidense, James Salter, presenta ‘Todo lo que hay’, una novela libre y sin concesiones. todo lo que hay James Salter Salamandra. Colección Narrativa. 384 pp

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mateo sancho cardiel
León

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Como muchos pensadores en el crepúsculo, James Salter da la espalda al intelecto y a la retórica poética para admirar la pasión animal y el vigor sexual que inundan Todo lo que hay , la inesperada y a la vez esperadísima novela de un superviviente de la gran literatura estadounidense. «No creo que muchas de mis ideas hayan cambiado mucho, pero sí mi manera de escribir. He dejado deliberadamente la filosofía atrás, he escrito más directo, sin metáforas. Con la edad la poesía desaparece, se pierde la capacidad para la sorpresa y el asombro. Pero la energía la tengo», explica en una entrevista con Efe a propósito de la que es su primera novela desde 1979.

Salter (Nueva York, 1925) parece una víctima de la profecía que lanzó en 1975 en Años luz , cuando decía que la vida deja en la antesala al conocimiento y se rinde a la pasión, la energía y la mentira. «Lo sigo pensando, sí. Podría volver a escribirlo», dice más liberado que apesadumbrado, y entronca con otros genios, como Thomas Mann, que defendieron la supremacía de la belleza sobre la mente. A diferencia de La muerte en Venecia , que apostaba por la observación casi en términos artísticos, Todo lo que hay (Salamandra) se abona al sexo explícito, a la atracción irrefrenable. «Ahora no hay límite para escribir lo que quieras y en ese sentido no estamos tan constreñidos. Pero los sentimientos son otra cosa y el comportamiento también. Todavía somos criaturas enfrentándose a otras criaturas y aquí las cosas entran en juego que no tienen nada que ver con la libertad sexual», dice el escritor.

Miembro de la misma generación que Richard Yates, considerado maestro por Richad Ford y estudiante en la escuela militar de West Point (Nueva York) dos cursos por detrás de Jack Kerouac, Salter no fue el más popular de todos ellos, pero el tiempo lo ha revalorizado y lo preserva como superviviente de una escuela que plasmó de manera magistral un mundo que rompía el velo de lo convencional. Con los nuevos tiempos, James Salter reconoce: «Ya no me tengo que adaptar a nada. A nadie le importa si me adapto o no. Es más, todo el mundo asume que no me voy a adaptar».

Su mundo orbita, sobre todo, alrededor de su casa de Bridghampton, donde vive con su segunda esposa, Key Eldrerge, concede entrevistas y todavía escribe con regularidad, pasea y hasta se acerca a la estación de tren en coche para recoger al periodista. En Todo lo que hay resurgen las claves que han articulado su carrera: la guerra, las relaciones amorosas, la identidad y Europa como un continente de escapada. Esa búsqueda de la libertad en colisión con el egoísmo, el difícil equilibrio entre las decisiones tomadas y los imperativos viscerales. «No soy el tipo de escritor que descubre cosas nuevas sobre sí mismo cuando escribe. Diría que estaba todo allí, pero no había escrito sobre ello, no le había dado forma. Simplemente, nunca lo había enfocado de esta manera», dice.

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