Diario de León

El creador de la palabra inacabable

Eclipsados por la titánica ‘Cien años de soledad’, sus cuentos concentran la magia de un universo creativo único. El genio de Gabriel García Márquez se cocinó a fuego lento en sus cuentos. Gabo se hizo grande con unos relatos cortos en los que Macondo emergió pronto y sin los que no existirían sus celebradas novelas.

Gabriel García Márquez en su última aparición pública. Fue el día de su cumpleaños.

Gabriel García Márquez en su última aparición pública. Fue el día de su cumpleaños.

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Defensor acérrimo del periodismo, quiso Gabriel García Márquez ser fiel hasta el último momento a su profesión, a la que se entregó hasta la extenuación. Hoy, cuando el trabajo de informar se encuentra tan denostado, alguno dudaría de lo veraz de su cordura si le oyesen decir eso de que «el periodismo es el mejor trabajo del mundo». La casualidad hizo que su marcha pareciese caprichosamente escogida, como si Gabo no quisiese perder la oportunidad de dar una noticia de portada en los periódicos de hoy, y no esperar a mañana, cuando, por lo menos en España, no hay diarios, antes de que la festividad del Sábado Santo enviase su crónica a internet ante la ausencia del papel.

Una de las reacciones más esperadas era la de otro grande de la literatura contemporánea, Mario Vargas Llosa. El escritor peruano, enfrentado a García Márquez desde hace décadas por una cuestión nunca aclarada, reconoció sentirse «acongojado» por la muerte del colombiano y no dudó en dejar atrás viejas rencillas para alabar su figura. «Ha muerto un gran escritor cuyas obras dieron gran difusión y prestigio a la literatura de nuestra lengua. Sus novelas le sobrevivirán y seguirán ganando lectores por doquier», aseguró. Pero hubo otras muchas reacciones, que tenían en común destacar la genialidad de García Márquez y hacer llegar las condolencias a la familia desde todas las partes del mundo. «Mil años de soledad y tristeza por la muerte del más grande colombiano de todos los tiempos!». Fue el presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, quien confirmó la noticia de que Gabriel García Márquez había emprendido el viaje definitivo a Macondo.

Hace unos años, Fidel Castro le recordó como «un hombre con bondad de niño y talento cósmico» a aquel periodista que llegó en 1959 a Cuba para cubrir la llegada al poder de los «barbudos» que él mismo comandaba. En la misma línea revolucionaria lo recordaba ayer Rafael Correa. «Tendremos años de soledad, pero quedan sus obras y amor por la Patria Grande. ¡Hasta la victoria siempre, ‘Gabo’ querido!», escribió el presidente de Ecuador en su cuenta de Twitter. Su homólogo mexicano, Enrique Peña Nieto, aseguró que se había ido «el hombre que hizo universal el realismo mágico latinoamericano, marcando la cultura de nuestro tiempo». Los elogios no tardaron en cruzar el Atlántico y en España, Alfredo Pérez Rubalcaba fue el primero en despedir a su «autor favorito» y al de «miles de lectores».

Los cuentos

El genio de Gabriel García Márquez se cocinó a fuego lento en sus cuentos. Gabo se hizo grande con unos relatos cortos en los que Macondo emergió pronto y sin los que no existirían sus celebradas novelas. Pero hasta que su portentosa imaginación no se sumió en las brumas de la desmemoria, no fue posible dar una vuelta completa a su rico universo en Todos los cuentos . Y es que, por extraño que parezca, los 41 relatos que Gabo firmó en su vida no se agruparon hasta 2012 en un solo volumen. Con él, el sello Mondadori celebraba un número redondo, el 500 de su colección literaria, y agasajaba al astro más rutilante de su catálogo. Era una recopilación más que necesaria que demuestra como las grandísimas novelas de Gabo han eclipsado a veces a los cuentos que las anticipaban y como convergen en los cuentos lo mejor de la tradición latinoamericana y las innovaciones de grandes narradores del siglo XX, —Faulkner, Joyce o Malcom Lowry—, cribadas por el mágico talento del genio colombiano.

La vuelta al mundo de Gabo en 40 cuentos arranca el 13 de septiembre de 1947 con La tercera resignación , cuento que se incluyó en ‘Ojos de perro azul’, y concluye en 1992 con El avión de la tierra durmiente, uno los excepcionales Doce cuentos peregrinos, con los que el escritor colombiano puso a prueba la madurez de su magisterio. Es también un azaroso viaje de Aracataca y Bogotá a Estocolmo. Arranca con un joven y ambicioso periodista de ojos y bigote de azabache que sueña con ser un gran escritor, y concluye junto al maestro consagrado pero aún joven, que, con liquiliqui y el mostacho y las sienes encanecidas, recibe en la capital sueca la más alta distinción literaria del mundo.

Son cuatro decenas de narraciones que armaron cuatro memorables colecciones aparecidas a lo largo de casi cuatro décadas: Ojos de perro azul (1947-1955), Los funerales de la Mamá Grande (1969), La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y su abuela desalmada (1961-1972) y Doce cuentos peregrinos (1976-1982). Muy diferentes, su denominador común es la capacidad para atrapar al lector sin concederle tregua. También la magia cotidiana que los inspira, ese realismo fantástico que el propio Gabo llegó a definir como «pararrealidad» y que integra la realidad más común con la onírica y la fantástica e un mismo ámbito narrativo.

En Ojos de perro azul están ya los cimientos de ese singular mundo mágico tan real como imaginario. El universo frondoso y frutal del Caribe colombiano en el que emerge Macondo. Se publicaron originalmente en un suplemento de El Espectador, el diario de Bogotá cuyo director, Eduardo Zalamea Borda, bautizó a García Márquez como Gabo y este forjó como reportero sus armas de narrador. No se publicó como libro hasta 1974, casi una década después de la aparición de Cien años de soledad. Estamos ante el Gabo más poético e introspectivo, en el que vibran ecos barrocos de Lezama Lima y Alejo Carpentier trufados con pinceladas modernistas y surrealistas. En Los funerales de la Mamá Grande se afianza el cuentista en su territorio mítico para narrar la muerte y las fastuosas exequias de «la soberana absoluta del reino de Macondo». Es un personaje tan humano como fantástico que reúne todas las claves del universo narrativo de Gabo. Dueña de bienes naturales y sobrenaturales, controla vidas y haciendas. Se publicó en 1962 y es el anticipo más claro de Cien años de soledad, que aparecerá cinco años después.

En La cándida Eréndira , cuyos últimos cuentos son posteriores a la universal novela de García Márquez, aborda un tema recurrente en su narrativa, la explotación sexual de una menor asunto al que volvería en Memoria de mis putas tristes. Eréndira, tras incendiar por descuido la casa de su abuela, verá como la anciana le obliga a prostituirse para recuperarse de la ruina.

El cambio de registro llega con los Doce cuento peregrinos’ donde no habla Gabo de Macondo aunque no se aleje de su imaginario al cambiar los tórridos escenarios caribeños por la fría Europa que él recorrió como legionario del periodismo. Repasa la suerte de muchos de los melancólicos inmigrantes políticos e intelectuales latinoamericanos, amigos muy próximos en algunos casos que, como él, buscaron fortuna profesional y nuevos horizontes a este lado del Atlántico. Gabo partió de «un sueño esclarecedor», el de su propio entierro, motor de estas ficciones, que le haría comprender que «morir es no estar nunca más con tus amigos». Los doce cuentos aparecen en 1992, una década después de la concesión del Nobel de Literatura y algunos de los cuentos son fruto de su paso por Barcelona, un destino crucial para su carrera. En la Ciudad Condal se pondría en manos de Carmen Balcells, su verdadera Mamá Grande , y a la que debe en buena parte su reconocimiento universal.

Cuentan que había perdido varios empleos como periodista cuando en 1965 se encerró en una habitación de México DF durante 18 meses para narrar la epopeya de los Buendía. Había tenido una «revelación» en enero de aquel año, mientras conducía entre México y Acapulco. «¡Encontré el tono! ¡Voy a narrar la historia con la misma cara de palo con que mi abuela me contaba sus historias fantásticas, partiendo de aquella tarde en que el niño es llevado por su padre a conocer el hielo!»...

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