Diario de León

Ortega contra Ortega

l. El catedrático Jordi Gracia confronta al intelectual y al hombre en su nueva biografía. josé ortega y gasset Jordi Gracia Taurus, Madrid, 2014. 712 páginas

efe

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miguel lorenci
León

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Esta biografía narra numerosas batallas, pero sobre todo dos: la primera es la de Ortega contra todos; la segunda es la de Ortega contra Ortega mismo. Las dos son fulgurantes y en las dos pierde Ortega». Así presenta el catedrático y ensayista Jordi Gracia (Barcelona 1965) su último desafío, una extensa e iluminadora biografía de José Ortega y Gasset (1883-1955) que publica Taurus en su colección Españoles eminentes . Gracia ha revisado a fondo la obra de pensador para «redescubrirlo» y ha profundizado en el perfil más personal y menos conocido del filósofo. Indagando en una extensa correspondencia que aún permanece inédita y confrontando al hombre y al intelectual, desvela la faceta más personal del pensador español más reputado e influyente del siglo XX a quien se refiere como «una máquina de pensar».

Más de un lustro ha dedicado Gracia a restablecer las coordenadas intelectuales y biográficas del autor de España invertebrada . Pero con el trabajo concluido tiene la sensación de haberse aproximado a la médula del intelectual y fulgurante filósofo, pero no de haber alcanzado la del hombre y sus múltiples perfiles. «A este libro le falta algo que no he sabido encontrar. No he dado con la ruta que lleve a la intimidad de este hombre, al lugar de lo frágil y lo incierto, al espacio intersticial donde la luz se apaga, la melancolía rumia o los sentimientos se licúan sin fuerzas ni para pronunciarse» escribe el biógrafo. Ha buceado por las más 10.000 páginas de las obras completas de Ortega y ha tenido acceso a sus cartas, un ingente legado epistolar que aún permanece inédito del que tiene por «el pensador y ensayista más moderno, estimulante y perdurable de la España del siglo XX», y «el de mayor difusión en Europa». «Sin el celofán académico —escribe— el Ortega de esta biografía es un héroe intelectual valiente, frágil, irritable, transgresor, ateo militante y ruidosamente jovial», resume el catedrático de literatura española. Concede Gracia la misma importancia al perfil intelectual que al vital de Ortega y Gasset, convencido de que «las causas profundas del pensador están en los avatares del hombre». Se refiere a «su petulancia y a sus desfallecimientos, sus coquetería sentimentales y su autoestima desatada», y no elude abordar «su magalomanía y su mesianismo», de modo que «Ortega solo será Ortega visto desde dentro y desde fuera».

«Insultantemente inteligente, imperialmente seguro de sí mismo y plenamente consciente de su excepcionalidad» fue para Gracia «una máquina de pensar». Filón epistolar Para desentrañar la privacidad de Ortega como espejo de su aventura intelectual ha sido determinante el acceso a las cartas del pensador aún no publicadas en su totalidad. Un filón de inestimable valor, ya que un precoz Ortega se carteó con los grandes protagonistas de su tiempo, de políticos como Manuel Azaña a poetas como Juan Ramón Jiménez, pasando por colegas como Ramiro de Maeztu, Miguel de Unamuno, Eugenio D’Ors, María Zambrano o José Bergamín. Una correspondencia de la que Gracia destaca su carácter envarado «casi oficial» y en la que no deja resquicios a la intimidad. A todos sus corresponsales les trata Ortega de usted y solo se tutea con Victoria Ocampo. El biógrafo deduce de esta distancia «cierta incapacidad para gestionar las relaciones personales; para bajarse del pedestal y ponerse en pide de igualdad con sus corresponsales». Tanto que «la soledad radical de la que habla puede tener mucho de soledad personal y no sólo metafísica».

Y precisamente lo que ha tratado Gracia es de bajar del pedestal al autor de La rebelión de las masas abordando «debilidades» como su «soberbia intelectual», su «engolado discurso» y cierta «sobrecarga retórica» que el biógrafo se atreve a definir como «cirrosis de estilo». También «la aplastante seguridad en sí mismo y la superioridad y el desdén con la que Ortega miró siempre a las mujeres, tanto a aventajadas discípulas de la talla Rosa Chacel o María Zambrano, como a la escritora y editora argentina Victoria Ocampo, uno de sus tres amores. «Ortega se siente más cerca de las teorías que justifican la inferioridad de la mujer, antes que aceptar la evidencia de que muchas mujeres incumplen ese patrón, empezando por Victoria Ocampo, que denunciará esa miopía y será capaz de rebatirle y hacerle sufrir», señala el biógrafo.

La biografía es también una apuesta por liberar al pensado de tópicos y lugares comunes y lacras y leyendas «como la de su franquismo o la complicidad con los fascismos». «No fue nunca franquista, pese a colaborar olímpicamente en el ‘servicio nacional’ de propaganda en 1938», escribe Gracia, que propone la desprejuiciada relectura de su obra «para redescubrir la enorme potencia del creador». Al hacerlo él se ha topado con un Ortega «vibrante, denso, potente, convincente y agresivo».

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