Diario de León

La piratería del Caribe

el príncipe de los piratas Edmundo Díaz Conde Ed. Algaida, Sevilla, 2013. 426 páginas.

Publicado por
alfonso garcía
León

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Henry Morgan os quiere sano, salvo y entero», le dijeron a Íñigo Santa Cruz al liberarlo de la cárcel. Pensando en su hija, de nueve años y a la que no veía desde hacía mucho tiempo, y deseando hacer de ella «una joven acaudalada e independiente», aceptó la oferta, el reto, e inició la travesía con una tripulación heterogénea y mal avenida, «una tripulación de cobardes sin metas, sin principios, sin destino». En Isla Tortuga se encuentra con el famoso pirata Morgan, que le dice: «Estoy planeando algo muy gordo y quiero a los mejores». Íñigo Santa Cruz –al que los ingleses llaman Lefthand- era, sin duda, el pirata español más temido. Se preguntaba: «¿Era Panamá a donde conducía el mapa del tesoro? ¿Creía Morgan que allí estaba enterrado el oro de la Dama del Mar?».

A mediados de 1670 veinte navíos largaban amarras en el puerto de Tortuga. «Entre todos formaban la escuadra que emprendería la más grande expedición filibustera de la historia». Efectivamente se dirigían a Panamá, un «emporio de ensueño, el paraíso del oro y de la plata», donde, en una intensísima aventura llena de intrigas, desaveniencias, enfrentamientos, misterio y suspense permanente, localizaron el tesoro de la Dama del Mar. Pero serán muchas las pruebas hasta conseguirlo.

El recorrido por la gruta genera en el lector una gran tensión. Sin entrar en detalles, Santa Cruz, en una maniobra llena de argucia, pudo arrebata a Morgan el tesoro, con el que llega a Cádiz y se reparte con generosidad. Nuestro protagonista encuentra a su hija y parte con ella y con Elena –la curiosa parte femenina de la historia de amor en la aventura- con el deseo de «levantar un hogar junto a aquellos a los que se ama, en una tierra de paz, sin envidias ni recelos ni sospechas».

Con el fondo de la España de la época y de la piratería en el Caribe, el argumento y la intensidad narrativa con que el autor lo dota y el interés que en sí mismo suscita, atrapa desde el principio al lector, que además asiste a la propuesta de otras historias paralelas o encadenadas, donde se intercalan hechos y leyendas fascinantes. Todo ello conforma la estructura de una intensa novela de aventuras, enriquecida con diálogos intensos, un lenguaje vivo y preciso, con el enriquecedor acercamiento al propio de la navegación del momento, por ejemplo, o la plasticidad de la descripción de la batalla de Panamá o la atmósfera de suspense en la cueva que conduce al tesoro bajo la catedral o el juego de actitudes en la historia de amor surgida a lo largo de la trama. Añado, para acabar, la riqueza de la amplia gama de personajes perfectamente perfilada, en especial el atractivo e interesante Íñigo Santa Cruz, cuya historia, en realidad, se cuenta en estas páginas.

Es fácil recomendar la lectura de El príncipe de los piratas, de forma muy especial para quienes están interesados en las novelas de aventuras. Aquí tienen un ejemplo sólido y atractivo.

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