poesía
Imágenes que vienen de la vida
siempre es de noche en los bolsillos Tomás Salvador Papeles Mínimos, Madrid, 2014. 112 páginas.

En el excelente núcleo de escritores zamoranos, Tomás Salvador es un poeta riguroso e inquisitivo. En Siempre es de noche en los bolsillos su indagación la ejerce sobre la memoria, trayendo a cuento una imagen significativa: la raíz y el árbol. Crece éste a la vista, pero las raíces que lo alimentan viven en lo oscuro. En esa oscuridad hoza el poeta para traer al poema una memoria rural, la «raíz que hurga en mis tendones». La imagen persiste en distintos poemas, como en aquel que dice que «el más pequeño palitroque / puede volverse cepa en la memoria». Selectiva y fragmentaria, la memoria recupera imágenes que en su insignificancia tanto representaron para el niño y que, simbólicamente, tanto pueden seguir representando.
Evocadores son también poemas que brotan en conexión con imágenes pictóricas de otro tiempo, como los «Efectos del buen gobierno sobre la ciudad» de Lorenzetti, que remite a actitudes, gestos, escenas impresas en el recuerdo. Uno de los poemas delinea el duelo de una oropéndola con su pareja muerta. No sé si es fácil ver hoy esa ave de esplendorosa belleza, «flecha dorada silenciosa», siempre en lo más alto de los chopos; recuerdo su amarilla altivez, como símbolo de la hermosura inalcanzable, al hilo de un poema que, como quería Poe, une belleza y muerte. En otras series de poemas son Giotto y Piero della Francesca lo que mueven la pluma del poeta. Pero el zamorano no cae en la écfrasis o descripción poética del cuadro; sus poemas no traducen verbalmente cuadros pictóricos, sino los lienzos de la memoria, las imágenes que han dejado huella en el poeta, como la copiosa encina que resume en el recuerdo un campo, unas labores, o como la figura del padre en el poema más emocionado: «Durante algo más de dos décadas / mi padre se moría una o dos veces / todos los años». Los poemas en prosa de la última parte del poemario recrean también un espacio rural con ánimo de que no se pierda en el olvido. Fue un mundo esforzado, con sus costumbres y sus malicias, fue un paraíso. Un aire fresco y limpio recorre estos poemas, el aire limpio del recuerdo que la poesía restituye momentáneamente. El lector de poesía suele ser intuitivo y no se pregunta, sabe. Sabe de la poesía porque la siente. El poeta hace como Giotto en sus frescos: «Preservó con sencillez la verdad de la pintura al tiempo que sacaba del olvido el lenguaje que se hacía nuevo». Como si el poeta hablara de sí mismo.