poesía
Memoria somos de lo que fuimos
EDÉN PERDIDO Y OTROS SÍNTOMAS Gaspar Moisés Gómez Eolas, León, 2014. 80 pp.

Uno de los más finos y elevados líricos actuales es Gaspar Moisés Gómez. Entregado con pasión a la poesía, su escritura se ha idos prodigando en numerosos cuadernos que poco a poco van encontrando salida editorial. Con Edén perdido y otros síntomas son doce los poemarios publicados. El título último nos remite a un tema primordial de la poesía de todos los tiempos, muy acuciante en poetas como Aleixandre en Sombra del paraíso o José Luis Puerto en Memoria del jardín. «Todos hemos perdido algún paraíso», dice nuestro poeta. El primero, Luzbel, y a él se le dedica el poema inicial. Después Adán, expulsado para vivir exiliado extramuros del jardín. Finalmente, los demás hombres, siempre al borde del abismo, palabra muy querida por el poeta. Al poemario acuden puntualmente los demás mitos del Paraíso: la serpiente «prometiéndonos lo que no ha de cumplirse» o la manzana tentadora. La pérdida del paraíso resume muchas otras pérdidas vitales: el edén de la juventud, por ejemplo, o del deseo incandescente, pero ya pasó «el lejano estruendo» del fulgor y está «el deseo tocando a retirada». Queda el sueño y la remembranza: «Esto ya sabemos / que no es el Paraíso. Mas dejadnos / soñar», pide el poeta. Queda también la poesía para acoger sueño y memoria; pero aún así, no parece que haya consuelo ni siquiera en tornar al momento paradisíaco de la niñez. Cuando se mira desde la adultez, la infancia no es más que otro «ir hacia poniente / en busca de otra luz, de otros engaños». La memoria recupera metafóricamente aquellos antiguos paraísos. Metafóricamente sólo; por eso no es consoladora o lo es levemente, pues recuerda lo que ya no somos. De ahí el fondo no propiamente nostálgico, sino melancólico, pues prevalece más que la añoranza, la amenaza, la poetización del ser al borde del abismo, el Adán que avanza hacia la vejez y la muerte. Muchos otros aspectos habría que comentar, si hubiera espacio. Así, la importancia en toda la poesía de Gaspar Moisés del cuerpo, que es donde mejor se transparenta el futuro abismático del hombre. Al filo del cuerpo (1986) es precisamente uno de sus libros; otro, Cuerpos en desvarío (2013).
El cuerpo, sede material de sueños y recuerdos, es algo palpable con las marcas temporales del deterioro. De ahí la importancia que cobra el tacto, sentido verificador del propio cuerpo y del cuerpo que se ama. Estamos, en resumen, ante una palabra intensamente lírica que pulsa siempre las cuerdas más hondamente humanas.