Diario de León

poesía

Detrás de esa puerta está mi corazón

el equipaje del ángel Nilton Santiago Premio Tiflos, Visor, Madrid, 2014. 102 pp.

Publicado por
josé enrique martínez
León

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En América reside la palabra en libertad de la poesía. Cada libro que de allí nos llega es un aire fresco, nuevo, o una selva llena de sorpresas. Así ocurre con El equipaje del ángel , del limeño Milton Santiago. Si nos atenemos a lo más evidente, la poesía nos habla de la vida común y de lo que la enturbia: banqueros, explicaciones que no convencen, monotonía, estafas, sufrimiento, pobreza, una clase media echada a perder, amor, violencia y otras realidades diversas acumuladas o apiladas en el poema. Pero el poeta nos habla desde lo inesperado; del amor, por ejemplo, escribe: «Ah qué difícil es predecir el fin del mundo entre tus muslos de gata»; «así es el amor, una lágrima a la que se le ven las costuras».

Al poeta le gusta conectar realidades disímiles. Quizá sea mejor decir que al leer a este poeta imaginativo y fantasioso, lo mejor sea olvidarse de la experiencia diaria para entrar en otro mundo, el que el poeta nos propone, por inverosímil que nos resulte o aunque contraríe la opinión común: «Hay ovejas sonámbulas que cuentan seres humanos para poder dormir». El saldo es una poesía brillante, imaginativa y fresca, luminosa y estimulante. El poeta se deja llevar por la facundia, pero es una fluencia verbal llena de sorpresas -y no otra cosa parece ser la poesía-, en la que cabe el mundo exterior (las noticias en la prensa, la televisión, la pobreza, el hambre, etc.) y la intimidad, no como ámbitos separados, sino respirando el mismo aire poético. «Detrás de la puerta está mi corazón», escribe el poeta. Y la puerta es símbolo tradicional que une y separa lo de dentro y lo de fuera, el campo abierto y el recinto cerrado. Pero la impresión es que el poema, cada poema, crece en arborescencia, como si de su tronco fueran brotando ramas y hojas tan diferentes que parecen de árboles muy distintos. El poema fascina y desarma a la vez. Ajeno al desarrollo lógico del pensamiento, lo suyo es el encuentro de lo desemejante. En alguna ocasión hasta el propio poeta parece no entender la arborescencia del poema, del «poema inútil», pues parece no saber de qué va la cosa: «En realidad, no hablamos de nada, como siempre». Pero sí, porque el poema llega a una conclusión: «Ya te lo había dicho, la soledad es a veces el cenicero de otra soledad». Cuando la palabra se ciñe a la emoción más que a la libertad imaginativa, sentimos más próximo el calor de la palabra: «De repente Jhon, a ti también se te ocurrió morir...».

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