Diario de León

poesía

Ahora aguardas el paso del invierno

RAÍCES DE LA SANGRE Pilar Blanco Eolas, León, 2014. 62 pp.

Publicado por
josé enrique martínez
León

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E n la reseña del libro anterior de la bembibrense Pilar Blanco, Alas los labios , afirmábamos que su voz se había ido progresivamente densificando y depurando, en la línea de Celan, Valente y otros. Sin rechazar tal aserto, lo cierto es que su nuevo poemario, Raíces de la sangre , propende más a la expansión que a la concisión verbal, acaso porque la materia vivencial es más apasionada. La poeta la cifra en dos palabras: razón y anhelo, raíz y vuelo. «Haz» y «Envés» son las dos partes del poemario, la primera para las heridas del alma aún no cerradas y la segunda como propuesta vital de superación.

El ámbito escogido por la poeta es el bosque. Es un ámbito simbólico de desnudez, de despojamiento, de adentramiento en uno mismo, de soledad y silencio, de olvido. Para Antonio Colinas el bosque es un lugar de iniciación tras haber superado la prueba, que en el caso de Pilar Blanco es el fin de un sueño, de un anhelo. La poeta dibuja un sujeto que ha pasado del abrigo a la intemperie. Y desde la intemperie, sin «horizontes ilusorios», siente y medita sobre el pasado y el presente, intenta «cerrar grietas» y salir de la confusión en espera de una «lentísima resurrección». En el bosque, la nieve es otro elemento simbólico: espacio sin huellas o donde las huellas se borran, espacio de desmemoria y, a la vez, de presagios.

Conviene indicar ya que lo que la poeta canta es un desgarro de amor, la pérdida y las huellas que ha dejado como «heridas que no cierran» en ese sujeto-mujer distinto ya a lo que fue. Es el amor el que incendió el corazón y que en el presente es sólo recuerdo. No es extraño que en uno de los poemas asome la imagen de Ícaro: «Caíste y no hubo Ícaro más derrotado». Tampoco es extraño que la palabra calmada que propone la poeta («no pasa nada, «ya llegará volar») parezca a veces irritada, aunque siempre comedidamente.

En el Envés , título de la segunda parte, se impone la voluntad de mirar hacia adelante, de ascender, de volar, alzarse, ser promesa, cerrar heridas, superar el pasado hacia una vida nueva. Pasó el invierno y «se oye el rumor del agua a orillas del nuevo sentimiento».

Son propuestas de vida nueva para las que el bosque es buen ejemplo, pues la pudrición fertiliza la tierra para que germine la vida. También la palabra agitada en el interior parece exigir «respiración demorada». Pilar Blanco ha poetizado un proceso que, raíz y savia, acaba convirtiéndose en «árbol de luz». Pero había que escribirlo para saldarlo.

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