poesía
Los pájaros de la tristeza
cuaderno de arena Joaquín Alegre Eolas, León, 2015. 76 pp.

E n 2001 publicó Joaquín Alegre, bien conocido como editor, un primer poemario, Diario de un 2000. Naufragio interior . El segundo es este Cuaderno de arena cuyo título alude a la fragilidad humana: «Perduraremos como caligrafía trazada/ sobre un cuaderno de arena lamido por el mar».
Para no condicionar previamente la lectura, los poemas se suceden sin título y distribuidos en tres secciones unitarias. En la primera la flecha del tiempo va del recuerdo a la esperanza. El recuerdo remite a la infancia, cuando todo es promesa y sueño; pero el recuerdo, grato en el haz, palidece en el envés, porque entre el recuerdo y el presente ha circulado el dardo temporal y el poeta se ve «rumbo.../ ...al invierno». La esperanza no ha sido un puerto seguro: «Mi esperanza se ha marchitado» escribe el poeta. Encontramos voces desgastadas, soles opacos, manos llagadas, engaños, muecas... La esperanza ha devenido en desesperanza en una vertiente personal que evoca un «tú» cosido al olvido, pero que en sus atisbos de luz puede ser placentero, apaciguador o bien desengañado, y en otra que atañe al ser humano en cuanto tal (solo entre extraños también solos) o en sociedad. Lo que el poeta ve son embustes, falta de horizontes, ambiciones obscenas, codicia inconfesable, un futuro robado...
La segunda parte lleva por título un reiterado epitafio del mundo romano precristiano: Sit tibi terra levis (que la tierra te sea leve). Si la muerte individual es injusta, más lo es la de un pueblo o una civilización, con Bagdad como devastada realidad y como símbolo de lo que el hombre ha podido convertir en un gigantesco cementerio. «Oigo el susurro de los muertos», dice un poema, un susurro que brota de los siglos —en ese casi infinito panteón del tiempo—. Frente a cualquier arrogancia, el poeta propone la insignificancia del ser humano en el universo. Ni siquiera los sueños son consuelo, pero hay uno al menos, que puede prevalecer sobre la muerte. Lo expresó Quevedo en un verso memorable: «Polvo serán, mas polvo enamorado».
En Álbum de esquinas rotas , tercera sección, se poetiza un espacio y una consecuente actitud sentimental: «Toda la tristeza del mundo cabe en esta ciudad» olvidada y vieja, con un laberinto de «calles derrotadas» y murallas roídas, con «un pasado asfixiante/ y un futuro inexistente». Esta ciudad es la nuestra, trasunto literario de otras semejantes que, pese a todo, siguen engendrando buenos poetas y valiosos poemarios como el de Joaquín Alegre.