Malabarista de los recuerdos
el jardín de los recuerdos Lea Vélez Galaxia Gutenberg. Barcelona 2014. 252 pp.

A bunda en estos tiempos la literatura carente de vida y de verdaderos sentimientos. Por ello esta novela de Lea Vélez es un documento humano y literario real, admirable, referido al presente dramático y al pasado, triste también. El presente de la muerte de su marido, George, y sobre todo la dura espera que la precede, obligan a la narradora a un reajuste personal tan intenso que la calidad literaria emerge casi espontáneamente: «Soy una malabarista de los recuerdos, —escribe— los acumulo, los archivo en alguna parte y luego los empleo como esa cocinera que guarda mil ingredientes en su despensa».
Pero esta alegoría humano-creativa, no es precisa. Lea Vélez guarda muchos recuerdos, pero el verdadero sentido vital es la experiencia dramática diaria intentando suavizar la llegada de la muerte. La desolada espera se transforma en una esperanza vital inimaginable, con momentos desgarradores, de hondo afecto y de inusitados aciertos literarios.
Los recuerdos se bifurcan en dos líneas esenciales: el mundo familiar (en el que se recupera la historia de los Collison, familia de George, y especialmente la dramática muerte de su hermano Stephen) y el mundo histórico, presente en a la trayectoria de Frances Boix; recluido en un campo de concentración, consigue salvar unos documentos fotográficos trascendentales. Su vida será objeto de un intento de novela por parte de la autora.
Frente a la narración de los sucesos externos, (que palidecen frente a lo que ocurre en el presente) en la memoria del lector se agiganta la impresión del estado de ánimo de Lea, obsesionada por conseguir una muerte feliz para George. Es un milagro que se consuma de forma palpable, con hondo sentido literario, y que confirma la intensificación de un amor, dignificado incluso por el dolor de muerte.