Diario de León

Entre la pela y el euro

‘el secreto de la modelo extraviada’ Eduardo Mendoza Seix Barral. 320 páginas. 18,50 euros.

Publicado por
miguel lorenci
León

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E duardo Mendoza (Barcelona, 1943) regresa a los locos años de la Barcelona preolímpica en la que aterrizó Gurb con El secreto de la modelo extraviada (Seix Barral). Sus felices lectores volverán a carcajearse con este relato canalla y descacharrante, a caballo entre el pasado y el presente. Un jocoso viaje de la pela al euro con la corrupción al fondo. Pero seguirán sin conocer el nombre del atrabiliario, desquiciado y desquiciante detective accidental, amante de la Pepsi y desfacedor de entuertos que ya protagonizó El misterio de la cripta embrujada, El laberinto de las aceitunas, La aventura del tocador de señoras y la más reciente El enredo de la bolsa y la vida . La quinta novela del astroso personaje supone el regreso de Mendoza a la arena editorial tras el Planeta y seis años de silencio.

Se remonta Mendoza a los últimos ochenta, cuando el orate sin nombre ni bienes husmeó un maloliente caso cerrado en falso. Pero no ceja en su empeño de resolverlo más de veinte años después. Quiere mostrar «la encrucijada de una Barcelona que pasa de ser una ciudad secundaria a protagonista y reina no exenta de corrupción» según explicó en su presentación en la ciudad Condal. «No sé si tenemos los gobernantes que merecemos, pero sí tenemos los delincuentes que merecemos», dice Mendoza. Volvemos a aquella Barcelona preolímpica anterior a la burbuja turística, a los tejemanejes entre poderosos industriales y políticos y a esa esperpéntica galería de personajes en la que no faltan el comisario Flores, el doctor Sugrañes, Cándida, la hermana del detective sin nombre, surrealistas travestis con bigote, tricornio y grado en la Benémerita, asesinos a sueldo, políticos corruptos asociados en la oscura, plutocrática y mafiosa APALF, policías patosos y cocineros‘ninja.

El loco detective ocasional, antes carne de manicomio, hoy repartidor de comida china, cuenta como años atrás se vio envuelto en un asunto feo. «Habían asesinado a una modelo y me culpaban a mí. Por supuesto, sin razón: una modelo no haría caso a un tipo como yo ni asesinándola. Simplemente, había un oscuro enredo.

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