Polisémico memorándum lírico
LA CASA DEL ALMA José Luis Puerto Eolas Ediciones, 2015. 150 páginas

C itas previas al texto, muy bellas, y su expresión literaria hacen de este libro una excelente progresión, que comienza con Entrada y finaliza con Salida , además de otros tres capítulos interiores. Entre ambas secciones discurre la mirada personal, casi siempre poética, de José Luis Puerto. Todo lo evocado (personas, animales, pájaros, árboles, oficios humanos…) tiene una lectura de trascendentalización de lo material y lo concreto hasta lo universal y lo eterno; todo es símbolo humano por tanto.
Da lo mismo la secuencia que el lector elija. Fijémonos, por ejemplo, en el apartado de El ángel del cuidado . La muerte de un ser, probablemente muy querido, y la fascinación por un vulgar reloj de pulsera que ha sido seguramente su mejor compañía porque le daba cuerda todas las mañanas: «Y era el único testigo del mundo que quería con él en aquella morada de sombras. El ángel del cuidado descendía hasta allí a la hora del alba…». O el misterioso encuentro con un pajarillo en su huida: «Dimos un paso más. La fuente seguía allí con su cantar antiguo en voz baja. El pájaro voló hacia el centro secreto de las frondas». En el último capítulo, en Alma , aparece de nuevo un inesperado e inquietante símbolo ornitológico cerrando la obra: «Es el alma de la casa, que sale a lo abierto (…) para luego volver a su centro, a su morada más recogida. Y te adivino, sin quererlo, un temblor». En ocasiones, sin embargo, la sensación del escritor es de rendido pesimismo en estas tierras de su infancia: «Hay muchos vericuetos por donde el mundo se pierde». Como no podía ser menos, José Luis Puerto recuerda uno de los libros más bellos de su larga trayectoria, Las cordilleras del alba .
Todo el proceso expresivo termina en un breve epílogo que deja un claro regusto filosófico y humano: el alma, lo esencial, visto en este lírico lenguaje. Como es la poesía verdadera.