Diario de León

Contra los recuerdos y las flores

JARDÍN Pablo Simonetti Con ilustraciones de José Pedro Godoy. Alfaguara. Madrid, 2015. 112 páginas

Publicado por
NICOLÁS MIÑAMBRES
León

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E s difícil conseguir en menos páginas mayor expresión de sentimientos y relaciones familiares y, especialmente, su significado y connotaciones humanas. El argumento se refiere, en principio, a algo convencional: la destrucción de una vieja casa familiar por la que le corresponderá un esplendido precio a la familia. Conocida la condición humana de los miembros, todo se complica. En la casa antigua vive Luisa Barbaglia, una viuda de setenta y seis años, madre de esos hijos, de carácter tan diverso. La actitud de todos ellos es previsible ante la operación financiera, pero no lo es tanto cuando sabemos sus gustos, enfrentamientos, actitudes... Eso es la preocupación esencial de Luisa Barbaglia, esa madre que vive sola, con Margarita, su sirvienta. Para ella, su obsesión han sido siempre las flores, que ha cultivado con mimo y que son, en el fondo, el recuerdo de su marido muerto.

El cambio a un apartamento más moderno y la suculenta cifra de la operación no servirán para consolarla. Ni lo será siquiera el bello recuerdo de las flores, especialmente algunas inolvidables, asociadas a conductas humanas.

La personalidad de la madre y sus tres hijos, su impacto ante el proyecto, junto a todos los aspectos apuntados, desencadenan toda una tormenta familiar, difícil de evitar. A pesar de todo, y a pesar de afectos insalvables, la novela termina en un desenlace feliz, algo alambicado cuando la madre pide cierta rectificación en las relaciones entre los hijos. Pablo Simonetti lo soluciona con un peculiar Deus ex machina . No arregla los endémicos problemas familiares, pero de una forma sencilla, el final culmina en cierta armonía, aunque no felicidad. Pero, en el fondo, a pesar del comentario de alguna vecina malintencionada, Luisa Barbaglia lucha por los recuerdos, sobre todo, por los recuerdos familiares, destruyendo las flores. De alguna forma, la realidad se impone. No es malo el resultado, aunque algunos lectores pueden considerarlo un poco forzado, a pesar de la sencillez de la obra. Y a pesar de la frase final: «Dirigí la vista hacia los tuliperos y recordé las varas de la azalea salmón. Hubiese querido que volvieran a brotar».

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