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Primores de orfebre

EL VIERNES 11 CUMPLIÓ LOS 90 JOSÉ MANUEL CABALLERO BONALD, EL ESCRITOR VIVO MÁS GALARDONADO DE NUESTRA LENGUA. PASÓ DEL PUPILAJE ANCILAR SUCESIVO CON PANERO Y CELA, A CONVERTIRSE EN CAPORAL DE UN GRUPO DE PRESIÓN, CUYOS MANEJOS LITERARIOS ACUMULAN AGRAVIOS Y DESCONTENTO. DIVERGENTE

Imagen del escritor José caballero Bonald

Imagen del escritor José caballero Bonald

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ERNESTO ESCAPA
León

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P oeta, novelista, flamencólogo y ensayista, Caballero Bonald estudió Filosofía y Letras en Sevilla y Náutica y Astronomía en Cádiz, antes de instalarse en Madrid como asistente del poeta Leopoldo Panero para la Bienal de Arte Hispanoamericano (1951/52). También fue elogioso comentarista de su Canto personal (1953), como el más tarde implacable Valente. Su primer libro poético, ‘Las adivinaciones’ (1952) fue finalista del Adonais concedido a Lorenzo Gomis. Luego, desgrana otros tres libros poéticos antes del giro social de Pliegos de cordel (1963). Con los premios Boscán y de la Crítica a Las horas muertas (1959): El Boscán iba reparando entonces desde Barcelona los desdenes del opusdeizado Adonais. Versos introspectivos, que exploran el universo personal internándose en ámbitos simbólicos, con el modelo de Juan Ramón, Aleixandre y Cernuda. En la segunda mitad de los cincuenta, Caballero Bonald reside en Palma de Mallorca, como secretario de Cela, hasta su traslado docente a Bogotá, a comienzos de los sesenta. Décadas después, la mujer de Cela desvelaría su relación de años, consentida por el futuro Nobel. En 1961, obtiene el Premio Biblioteca Breve con Dos días de setiembre , que es su primera novela, y publica en Colombia su antología poética El papel del coro , antes de volver a España. Su estreno narrativo nos muestra a un autor de vocación testimonial que cuida hasta el extremo los primores del lenguaje. Una tormenta descarga sobre la vendimia de Jerez, donde la explotación de los jornaleros convive con el desahogo de los hacendados en un universo sobre el que todavía planea la sombra de la guerra civil. El relato se enriquece con las dionisíacas mitologías del vino y con el simbolismo de la tormenta que amenaza al fruto de la vendimia. Un viaje a la Cuba revolucionaria en 1965, lo devuelve a recorrer Andalucía, recogiendo materiales sonoros para su Archivo del Arte Flamenco, que recibe un Premio Nacional en 1969.

LAS NOVELAS DE DOÑANA

Aquel mismo año publica Vivir para contarlo , que reúne sus cinco libros poéticos. Entre 1971/75, trabaja en el seminario de lexicografía de la Academia y entre 1972 y 1976 dirige la editorial Júcar. Precisamente, en 1999 optó sin más concurrencia al sillón académico vacante por la muerte de Torrente, y no lo obtuvo, porque su amigo Ángel González no echó su voto al correo. En los setenta, inicia el retorno al territorio mítico de Argónida, que inspirará el ciclo de sus tres siguientes novelas, un universo repleto de vislumbres e incógnitas, similar a la Región de Benet o a la Celama de Luis Mateo Díez. Lo mítico y lo irracional impregnan de magia la colonización de Argónida, una tierra virgen que como interpretó Gullón, acaba aniquilando a quienes pretenden poseerla. La prosa suntuosa de fraseo envolvente, en la mejor estirpe barroca, traza peripecias y leyendas. Agata ojo de gato (1974), galardonada con los premios Barral y de la Crítica, se prolonga en la colombina Toda la noche oyeron pasar pájaros (1981), premio Ateneo de Sevilla, que recrea la aventura menestral de un inglés dedicado al comercio, y abrocha la decadencia de una familia burguesa En la casa del padre (1988), premio Plaza y Janés. Campo de Agramante (1992), su quinta novela, discurre entre Sanlúcar y Doñana, entre el presente y lo ancestral. Novela de iniciación, nos muestra a un joven que trata de abandonar el laberinto en que se encuentra, mientras anota en su diario lecturas e impresiones, combinando pesquisas y memoria. Aunque el relato nos habla del carro de oro enterrado en Argónida, su vínculo narrativo es más intenso con los sucesivos volúmenes de sus memorias: Tiempo de guerras perdidas (1995) y La costumbre de vivir (2001), donde evoca profusamente la aventura colectiva de sus compañeros los autores del medio siglo.

DESCRÉDITO DEL HÉROE

Lustros de silencio poético forjaron la dicción ornamental y barroca de Descrédito del héroe (1977), distinguido con el premio de la Crítica. Los pasos sucesivos de Laberinto de fortuna (1984), Diario de Argónida (1997), Manual de infractores (2005), Entreguerras (2012) y Desaprendizajes (2015) nutren su poesía completa, recogida en Somos el tiempo que nos queda , disponible desde 2012 en la popular colección Austral. Este tramo último de su poesía huye del coloquialismo y se recrea en la construcción de atmósferas suntuosas que albergan el escrutinio de su propia historia moral, alejada de desahogos rutinarios. La distancia lírica con la confidencia acaba por convertir al lenguaje al protagonista. A veces, con poemas de difícil lectura, expresión de su capacidad fulgente de verbalización. Jalonada de galardones (premios Reina Sofía 2004, Nacional de Poesía 2005, Nacional de las Letras Españolas 2006 y Cervantes 2012), la poesía de Caballero Bonald exhibe el dinamismo de una obra en ebullición, que no deja de rehacerse, pendiente siempre de los asedios del tiempo y del dictado de su propia inquietud. «Emigra la verdad, como las aves» confía un verso de su Manuel de infractores, una apuesta por la insumisión donde proclama rubeniano: «Yo soy aquel que se jacta de haberse equivocado, cuando con más facilidad pudo impedirlo». Acaso consciente de las trapacerías perpetradas como mandarín de surtidos galardones literarios, siempre repartidos disciplinadamente a buenos amigos.

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