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Escultor de rebeldías
MAÑANA SE CUMPLEN 80 AÑOS DE LA MUERTE DEL ESCULTOR EMILIANO BARRAL (1896-1936) EN EL FRENTE DE USERA, APENAS tres MESES DESPUÉS DE LA MUERTE BÉLICA DE SU COLEGA Y COMPAÑERA SENTIMENTAL FELICIA BROWNE. . DE FAMILIA DE CANTEROS, APRENDIÓ A TRABAJAR LA PIEDRA JUNTO A SUS TRES HERMANOS. divergente

El artista Emiliano Barral en su estudio
H abía nacido en Sepúlveda, en 1896, y tuvo una vida accidentada, de fugas y aventura, hasta que su coincidencia en la Segovia de los años veinte con un clima intelectual estimulante, asienta su vocación por el arte. Antes había bajado a Riotinto, atraído por una huelga de mineros, y escapado por Valencia y Barcelona a París, donde visita el Louvre y frecuenta el barrio Latino, trabando amistad con el escultor Mateo Hernández, que le transmite su pasión por la talla directa. Después de una larga temporada bohemia y harto de penalidades, decide volver a casa, donde le llegan los primeros encargos de obras funerarias para El Burgo de Osma y San Esteban de Gormaz. El primero con el tema de las virtudes teologales y el segundo con una figura adolescente. Enseguida se incorpora a los trabajos de restauración de la fachada de la universidad de Alcalá. Entonces conoce a los escultores Julio Antonio y Victorio Macho y se decanta por el nuevo realismo. En 1917 se traslada a Madrid para hacer el servicio militar y empieza a esculpir bustos de amigos hasta 1919, en que vuelve de nuevo a su tierra.
CINCEL DE AURORA FRÍA
La Universidad Popular de Segovia, fundada aquel 1919, adquirió como sede la Iglesia románica de San Quince, donde disertaron personalidades relevantes como Marañón, García Morente, Fernando de los Ríos, Unamuno o Eugenio D’Ors. Entre sus responsables locales se contaban Antonio Machado, Blas Zambrano, Daniel Zuloaga y el marqués de Lozoya. Uno de los colaboradores de Zuloaga fue el ceramista Fernando Arranz, con cuya hermana Elvira se casó Barral. En su taller instalado en la capilla de San Gregorio, aledaña a la Casa del Sol, se reúne la tertulia que arropa a Machado, en la que platican y beben con el poeta el profesor Blas Zambrano y un grupo de artistas locales. Ya en estas primeras obras, Barral rechaza el academicismo grandilocuente, apostando por la fuerza expresiva. Participa en la vida cultural segoviana, y en la polémica que suscita el monumento de Aniceto Marinas al comunero Juan Bravo.
En 1923 ganó el concurso de la asociación Amigos de Rubén Darío, para erigir un monumento al poeta, y en 1924 realizó el del ceramista Daniel Zuloaga: Un pétreo tronco de árbol, recorrido por grafismos e incisiones, sostiene la cabeza solemne en alto. Ese mismo año participa en la Exposición Nacional de Bellas Artes, con dos de sus obras más célebres: El arquitecto del acueducto , retrato en granito del pedagogo Blas Zambrano, y la cabeza de Pablo Iglesias. También consiguió una beca para viajar a Italia, donde estudió escultura clásica. Al regreso, acomete diversos proyectos funerarios, en los que colaboran como ayudantes sus hermanos: en Segovia, el panteón de la familia Cernuda, que remata una hermosa Doliente; y en Ágreda, los panteones de los Tudela. También recibe el encargo del monumento al maestro Victoriano Corredor, para El Burgo de Osma, donde repite el esquema de Zuloaga. De vuelta a Madrid, en diciembre modela en arcilla la cabeza yacente de Pablo Iglesias.
Cumplida su etapa segoviana, en 1927 se traslada de nuevo a Madrid, donde abre estudio en el Pasaje Romero (entre Modesto Lafuente y la Castellana) y destaca en exposiciones nacionales, lo que conlleva el encargo de sus proyectos más importantes: el monumento dedicado al ingeniero Manuel Orueta en Gijón, y el mausoleo de Pablo Iglesias, en el cementerio civil de Madrid. Pero los amigos ya lo veían marcado por la tragedia, cuando más le sonreía el éxito. La noche del 15 de febrero de 1929, su mujer se arroja al metro en la estación de Ríos Rosas con su niño de diez meses en brazos. Elvira sufrió heridas muy graves, que obligaron a amputarle un pie, pero el niño con el que se exilió a América, resultó ileso y todavía vive en Cuba. Un busto del niño en alabastro figuró en la muestra internacional de París, en 1937.
En 1929 expone en el Museo de Arte Moderno y se acredita como uno de los escultores más destacados del momento. De 1930 es el monumento a Diego Arias de Miranda, en Aranda de Duero, y de 1931 sus Osos polares en granito, que le encarga el doctor Ruiz Senén para un jardín en Guadarrama.
LUCES Y SOMBRAS
Los años republicanos fueron de una gran actividad: monumentos a Núñez de Arce (1932) y a Leopoldo Cano (1935) en Valladolid, destruido al empezar la guerra, el panteón de Gutiérrez Cano, amigo de Pablo Iglesias, y los monumentos a Lope de la Calle (1934) en Segovia y al doctor García Tapia en Riaza. Su última obra fue el monumento a Pablo Iglesias destinado al Parque del Oeste, con una alegoría destruida del proletariado en marcha, que representan tres jóvenes con las manos enlazadas. La cabeza de Pablo Iglesias, de más de un metro, la enterraron los jardineros en el Retiro, de donde fue recuperada el 7 de febrero de 1979. Ahora preside la entrada de la sede socialista de Ferraz. Al estallar la guerra civil, Barral ingresa en el ejército popular con el grado de capitán de las milicias segovianas que defienden Madrid. Murió Murió en el frente de Usera, cuando acompañaba junto a su hermano Alberto a un grupo de periodistas extranjeros en un coche, alcanzado por un obús. Machado, que le había dedicado un poema en 1922, puso sentido epitafio a su muerte «esculpida en un gesto inmortal».