el territorio del nómada |
El helenista vehemente
EL JUEVES 8 SE CUMPLEN DOS SIGLOS DEL NACIMIENTO EN INICIO DEL HELENISTA, RECTOR DE LA UNIVERSIDAD DE MADRID Y SENADOR REPUBLICANO LÁZARO BARDÓN (1817-1897), A QUIEN SU ALUMNO UNAMUNO CALIFICÓ COMO «NOBILÍSIMO, RUDO Y SANTO VARÓN». divergente

Bardón, quien a punto estuvo de arrojar a un colega por la ventana
T ambién tuvo el omañés entre sus alumnos a Clarín, al tagalo Riscal, a Menéndez Pelayo, a Bartolomé Cossío y a Andrenio. Precisamente Andrenio lo evoca ya mayor labrando el pedregal que había comprado en Collado Mediano para construirse una casa, con su traza de labriego dorio, manejando el arado como un gañán durante las vacaciones, hasta convertir aquella parcela pedregosa en un vergel. Y esta labor la acometía «siendo ya viejo, como si no quisiera ser infiel a su estirpe campesina», concluye Andrenio. También el catedrático de derecho Adolfo Posada, con raíces en Otero de las Dueñas, evoca con afecto la silueta de Bardón en sus memorias.
Hijo del escribano de Inicio, estudió latín y gramática en preceptorías omañesas, antes de ingresar en el seminario de Astorga, entonces un centro liberal regido por el obispo Torres Amat (1772-1847), quien contaba en el claustro de profesores con el historiador Modesto Lafuente. Aquel ingreso con dieciséis años se interrumpe entre agosto de 1836 y octubre de 1840, al arreciar en la zona el asedio carlista, que convierte el seminario en cuartel. Tras la primera guerra carlista, los liberales necesitaban un relato histórico que legitimara su enfrentamiento al enrocado tradicionalismo español. Esa construcción la llevó a cabo Lafuente en el primer empeño que abarca todas las edades de España desde la Historia del fogoso padre Mariana, de fines del dieciséis. También el obispo Torres Amat fue uno de los escasos prelados que colaboran con el gobierno liberal, mientras su coetáneo en León, Joaquín Abarca, se comporta como furibundo carlista. Torres Amat tradujo la Biblia en una versión de acreditada competencia y fidelidad, precursora para aquel tiempo, pero su postura beligerante desde Astorga frente a la carcundia hizo que fuera tachada de poco ortodoxa por los integristas, precipitando el amargo final del obispo protector de Bardón. Después de concluir sus estudios de Teología en Astorga, en cuyo seminario colaboró durante sus últimos años de estancia como profesor ayudante de varias materias, el obispo lo envió a Madrid a rematar su titulación teológica y emprender estudios de lenguas clásicas y orientales en el curso 1845-46, una vez ordenado sacerdote.
La muerte de su protector en diciembre de 1847 supone el primer contratiempo severo para la estancia en Madrid de Bardón, que intenta sin éxito obtener la cátedra de Hebreo de Sevilla, antes de acogerse a la regencia como agregado de Literatura en Madrid, mientras sigue sus estudios de griego y latín. El 9 de marzo de 1849 obtiene la cátedra de griego de la universidad de Salamanca, donde imparte una hora diaria de hebreo para sus alumnos, y en abril de 1850 oposita a la cátedra de Madrid, en cuya universidad culmina dos años después el doctorado en Literatura. Pero los éxitos personales no suponen un descanso para la inquietud del maestro omañés, cuyo afán docente choca con la penuria de medios de su época. Para empezar, los alumnos carecen de manuales de las asignaturas, que tienen que pedir a Francia y sólo llegan con el curso avanzado. Bardón se propone publicar un manual que ayude a sus estudiantes, pero ninguna imprenta de Madrid está preparada para su edición, porque carecen de tipos griegos. Por su cuenta, encarga a una fundición de París las matrices necesarias, pero tampoco entonces encuentra un cajista que supiera componer en griego. Optó por instalar una imprenta en su casa de Collado Mediano, adonde se había retirado a respirar los veranos. Después de un proceso laborioso, consigue publicar en 1856 sus Lectiones Graecae , haciendo de cajista, impresor y corrector. El éxito de sus Lectiones Graecae , declarado obligatorio para estudiantes de segunda enseñanza, obliga realizar una segunda edición en 1859. Pero cuando esta aparece, es sustituido por el Manual práctico del catedrático de Granada. El rebote de Bardón se expresa en su Testamento civil (1860), opúsculo sembrado de violentos ataques a sus colegas, que llegan en ocasiones al insulto. Al margen del perjuicio de perder el consumo obligatorio de los estudiantes de secundaria, le molestó sobremanera la acusación chismosa de plagio respecto a los Elementos de Jacobs. Al latinista Adolfo Camús, propagador de comentarios cáusticos a sus espaldas, lo levantó en vilo en la sala de profesores para tirarlo por la ventana, mientras al hebraísta García Blanco, que consideraba su mundo griego como «pobre por alcorzado y femenil», le replicó que el hebreo era «un lenguaje bárbaro de babucheros y vendedores de dátiles».
Secularizado en 1860, Bardón se incorporó a los círculos krausistas y participa en 1865 en la fundación de la Sociedad Antropológica, antes de ser uno de los protagonistas de la Cuestión Universitaria de 1867, por defender los fueros de la conciencia frente al poder de turno. En octubre de 1869 acudió invitado a la inauguración del Canal de Suez y al regreso publicó su Viaje a Egipto y excursión al mediodía de Italia , que termina con el aforismo Roma veduta, fede perduta («Vista Roma, perdida la fe»). Decano de Letras en 1870, sustituye como rector a Fernando de Castro, pero su temperamento alborotado sólo le permite aguantar tres meses en el cargo. En 1872, fue elegido senador por León en la candidatura de Ruiz Zorrilla, en 1885 nombrado socio del Círculo Filológico y en 1892, a sus 75 años, los padecimientos reumáticos lo recluyen en Collado Mediano, donde muere asistido por sus sobrinas.