Le Big Mac
Trenes vigilados
V oy en un tren camino del mar. Compré los billetes en Internet y debí hacer algo mal al seleccionar el asiento, porque viajo en el sentido contrario de la marcha, así que más que ir, parece que vuelvo. Más aún porque a mi lado viaja una mujer de rasgos asiáticos que lee un libro pasando las páginas al contrario de como lo hacemos nosotros cuando avanzamos, que es como se hace en su país, como se lee en su idioma (hay lenguas en las que se lee al revés porque saben algo que a nosotros aún no nos toca). Yo, por mi parte, ahora puedo decir que el tren, en vez de a su destino, va a llegar a su origen. De críos a menudo jugábamos con trenes de juguete porque hay algo que inquieta y fascina en ellos, en su aspecto de alienígenas prehistóricos, pero más aún porque así aprendíamos que los caminos trazados sirven tanto para andarlos como para desandarlos, que retroceder no es lo contrario de avanzar, sino una de sus dimensiones. Eso lo sabe quien mucho lee porque que a menudo se encuentra a sí mismo saltando hacia atrás en pequeños párrafos para comprender cómo ha llegado hasta un punto donde algo se subleva a su comprensión, donde falta la clave que explique el gesto de un personaje, la voz de otro, y entonces descubre un párrafo nuevo, un conjunto de palabras que antes no estaba allí. Palabras que tienen además un color distinto al de la tinta. ¿Cómo han llegado hasta ahí todas esas letras? Leer es una actividad orgánica que consiste en ordenar lo que alguien soñó que nos decía y no nos dijo. No pudo, no supo. No quiso decirnos. La lectura es la parte creativa de la literatura, mientras que la escritura es la mecánica. Es el lector quien doma el libro, quien lo doblega, lo culmina y lo vence. También es al lector a quien derrotan los libros. ¿Cuántos libros nos han pasado a cada uno de nosotros por encima? Libros como carros de combate, como cargas morales. Lectores atropellados como animales que intentaron cruzar una autopista en hora punta. Pero también lectores que salvaron al libro de su propio silencio. Lectores que hicieron libros de los libros. Son ellos los que viajan en este tren, no yo. Ellos saben si al final llegamos al destino, que en realidad es el origen.