POESÍA
Sílbamelo al oído si me olvido
vuelavoz Álvaro Tato Hiperión, Madrid, 2017. 94 páginas.

E n su día, Álvaro Tato (Madrid, 1978) obtuvo el premio de poesía joven Antonio Carvajal con un poemario sorprendente para su edad: Libro de Uroboros (2000). Seguirían después títulos también premiados como Cara máscara (2007) y Gira (2011). Ahora nos vuelve a sorprender con un libro novedoso, Vuelavoz, una relectura de la poesía tradicional oral, anónima y popular, aquella de la cual solo conservamos fragmentos, estribillos de lo que fueron canciones del pueblo, con elaboración culta de Juan del Encina y Gil Vicente y, más tarde, de Lope de Vega y Góngora. Es el de la poesía tradicional un legado lleno de efectos y agudezas. Tal legado llegó, entre otros, al Alberti de Marinero en tierra y al Lorca de Canciones ; aquel puso la gracia, este la hondura y el sentimiento trágico. Cuando acabo de leer Vuelavoz me parece que Álvaro Tato ha sabido conjugar la tradición antigua con la gracia y la hondura de los dos poetas andaluces. En ese ámbito, Vuelavoz es un poemario luminoso, nueva relectura activa de la tradición más genuina de la poesía española.
Vuelavoz adopta los procedimientos de aquella poesía tradicional: poemas breves y sugerentes, versos de tono menor, aire de canción que respiramos también en los poemarios últimos de Vicente Gallego, paralelismos, contrastes, estribillos, rima, juegos de palabras y final sorpresivo y de mayor hondura emotiva. Bajo todo ello alienta la asunción personal de la poesía tradicional, la sensibilidad de un poeta verdadero, un sentido rítmico acusado y el gusto por el juego y el encantamiento verbal.
Veámoslo más de cerca. La primera parte, Ya es pronto , la componen poemillas con todos los recursos antedichos. El estribillo que da título a esta reseña, por ejemplo, es muy sugestivo: «Cuando soñamos, / cuando morimos, / somos lo mismo. / Sílbamelo al oído si me olvido». El poema de título Magiamarga va alternando a modo de quiasmo «bendita muerte» y «muerte bendita» hasta la estrofa final que da un sentido nuevo al poema: «Vuelve a la vida / y tarda, tarda, muerte / maldita». De las otras cuatro partes, la más atractiva resulta Érase una voz. Glosas de la lírica popular antigua , nuevas versiones de una lírica que sigue hechizando el sentir poético de nuestro tiempo. Baste un ejemplo en el que la cursiva refiere versos tradicionales, con el añadido en letra redonda del poeta de hoy: «Bajo la encina, encina, / bajo la encina. / Allí soñaba / que no dormía / y con mi amada / me amanecía. / Bajo la encina ».