Diario de León

john banville escritor y periodista

«Vivimos en una época de mentiras»

«Los mayores inventos de la humanidad en época reciente son la odontología y la cisterna del retrete»

El escritor irlandés John Banville, en Granada

El escritor irlandés John Banville, en Granada

Publicado por
josé antonio muñoz
León

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J ohn Banville (Wexford, Irlanda, 1945) es fiel a su leyenda. Directo, socarrón, y lapidario, en ningún momento parece mirar a su interlocutor por encima del hombro. Y podría: Premio Príncipe de Asturias, RBA de Novela Negra, Booker y Premio Leteo. Mira al reloj sin parar. Está cómodo en la entrevista (es periodista) pero es muy ‘british’ con los tiempos.

—¿Cuándo tuvo lugar su primer encuentro con las letras?

—Muy pronto, en la escuela. Empecé a leer con cinco o seis años. Lo primero que recuerdo haber leído fue El rosario de Maggie , un panfleto religioso. No entendí nada. Un amigo mío lo encontró en Amazon y quería regalármelo, pero no quería volver a verlo. Ya en serio, la primera novela que recuerdo es Dublineses , de Joyce, con doce o trece años. Por el tema, obviamente.

—Se emancipó para huir de casa, y dice lamentarlo.

—Quería huir de mi familia, es cierto, y lamenté hacerlo. Me perdí los años de Universidad, en los que uno se dedica a ir de fiesta y perseguir a las chicas. Pero tuve más libertad para elegir qué hacer, qué pensar y cómo. De todas formas, podemos también ser libres yendo a la Universidad. Seguro que los estudiantes de ahora lo pasan mejor. Impartí un curso en la Universidad de Chicago, y pensé que me hubiera gustado haber recibido un curso así.

—Cuando empezó a escribir, ¿de qué o de quién huía?

—De mi familia también. Pero nunca he concebido la escritura sólo como una vía de escape. También la veo como una entrada a un nuevo mundo.

—Copérnico, Kepler o Newton cambiaron la historia y protagonizan algunos de sus libros. ¿Ahora la cambian los gobiernos y la posverdad?

—Todo esto de la posverdad pasará. No se puede tomar en serio, porque no tiene mucho sentido. El mundo es ahora un carnaval donde nada está regulado. Hace años tenía una columna semanal. A veces, lo que escribía no tenía mucho sentido, pero mis colegas me decían que era justo lo que ellos pensaban. Vivimos en una época de mentiras, de decepciones. Es peligroso que la democracia nos decepcione, pero a la vez es bueno. Nos impele a cambiarla. Lo mismo que la educación. Cada vez hay más gente desagradable.

—¿Cree en el poder transformador de periodismo o la literatura?

—No creo nada. Nada transforma nada. Los dos grandes hallazgos recientes de la humanidad son la odontología y la cisterna del retrete.

—Y el GPS.

—No me gusta tanto. Quita todo su componente de aventura a los viajes. Lo hace demasiado fácil.

—Cuando revivió a Marlowe sin ser Chandler, ¿asumió ese espíritu kamikaze que dice tener?

—Me lo pidieron, lo hice, y me pareció divertido. Me da igual lo que piensen de mí los demás. Hago las cosas porque me apetecen. No busco la aprobación.

—Ha dicho que lo que escribe John Banville es arte, y lo que escribe su alter ego, Benjamin Black, artesanía. ¿Sobrevaloramos el arte e infravaloramos la artesanía literaria?

—Es cierto. Al mundo le iría mejor con más artesanos y menos artistas. El artista no tiene nada que decir, en condiciones normales. Personalmente tampoco tengo mucho que decir, pero tengo la suerte de poder escribir.

—En ‘El intocable’ cuenta cómo alguien traiciona a su país por un ideal. ¿Hoy pesan más las finanzas que los ideales?

—Es como todo, como los periodos del clima. Estamos en un periodo sombrío, similar a los años 30 del pasado siglo. Pero saldremos de él.

—España le ha colmado de premios, y tiene aquí muchos seguidores fieles. ¿Para cuándo una novela desarrollada en nuestro país?

—Me encanta su país, pero no lo conozco en profundidad. Sería una impertinencia. La comida me encanta, el ambiente también, y el vino es fantástico. Pero el sol. Lo llevo mal.

—Alguna vez dijo que odiaba todos sus libros, porque los veía imperfectos. ¿El tiempo no le ha vuelto más indulgente?

—Me gustan los libros de Benjamin Black. Son muy honestos. Pero John Banville intenta ser un poeta, y sus libros me gustan bastante menos. Con todo, quizá sí, quizá me haya vuelto algo más indulgente.

—Es un gurú para muchos escritores del género negro. ¿Cuál es la receta para no decepcionarles?

—Primero, escribir con honestidad. Hacer novelas plausibles. Y luego, tener respeto por el cadáver, que es mucho más que un ser inerte. Es un ser humano, que ha tenido una vida hasta que la pierde. Esos son los ingredientes que manejo.

—Su nuevo protagonista, Stratford, ¿es una evolución de Quirke?

—Es un hermano gemelo oscuro, como Black es el hermano gemelo oscuro de Banville.

—Su última novela, ‘Pecado’, se inicia en su pueblo de origen. Su última criatura televisiva, ‘Riviera’, transcurre en paisajes idílicos. ¿Qué papel simbólico tiene la escenografía en su literatura?

—Los escenarios son una parte imprescindible de mi obra. Sirven para que el lector observe y vea cómo evolucionan los personajes en ellos. Son un componente más de la trama, y tienen mucho que decir.

—Destacan su agudeza. ¿Su literatura se nutre de la observación profunda y paciente del paisaje y el paisanaje?

—Los seres humanos son en mi obra figuras de un paisaje. No son, no somos, el centro del Universo. Hace poco he sabido por qué los pulpos son más inteligentes que los perros (intenta explicar por qué, pero se frena en el intento.). Nos creemos dioses, pero no somos más que animales. Cuando Zeus quiso yacer con humanas, tomó forma de animal, porque le pareció que a sus amantes un hombre más no les iba a parecer atractivo.

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