La ternura de la sencillez
matrioska Ana Alonso lustraciones de Paola Escolar. Editorial SM. 48 páginas A partir de 6 años.

A pesar de la creciente popularidad, cierto misterio sigue envolviendo a las conocidas matrioskas rusas, especialmente en lo que atañe a su origen. A veces, como es el caso de este hermosísimo álbum, la imaginación tiene la palabra para añadir una nueva versión llena de ternura y novedad. Es lo que hace Ana Alonso en este breve relato, basado en uno de Dimiter Inkiow (1932-2006), el escritor búlgaro de cuentos infantiles que, con más de un centenar de títulos, alcanzó notable fama con la saga Yo y mi hermana Clara.
El texto de Ana Alonso es breve, preciso, reiterativo, casi multiplicado, como se multiplican las matrioskas, una dentro de otra, hasta un número indeterminado. Lo sabe muy bien Andrei, un fabricante de juguetes que vive en una apartada aldea rusa, donde los niños se divierten en verano jugando al aire libre. Pero el invierno tan duro les obliga a permanecer encerrados en casa. «Necesitaban los juguetes de Andrei para entretenerse».
Aunque el fabricante hacía juguetes diversos, su especialidad en realidad eran las muñecas. Resulta que un día fabricó una especial. Y decidió quedársela. «Te llamaré Matrioska», le dijo. Le gustó el nombre a la muñeca. Siempre hablaban antes de ir a la cama. Un buen día le confesó Matrioska su deseo de tener una hija: «Tengo demasiada vida, demasiado amor y demasiada madera en mi interior. No puedo guardar todo esto para mí. Quiero tener una hija». Así que confeccionó otra muñeca más, Triuska, que también hablaba y se entretenían juntas. Trioska expresó al juguetero el mismo deseo que su madre, y así nació Oska, y de esta Ka…
La brevedad del texto se engarza en el dominio de las imágenes, llenas de color, que contrastan, al pasar las páginas, por la intensidad y la disposición. Brilla la ternura de la sencillez, pero también la explosión imaginativa. Una delicia.