La vida pasa, la imagen queda
memoria visual de la alberca V. Pasado y porvenir José Luis Puerto Ayuntamiento de la Alberca. 190 pp.

E n 2013 iniciaba José Luis Puerto su magna obra, cinco tomos de fotografías locales, Memoria visual de la Alberca, con una aparentemente vana pretensión: dejar testimonio gráfico de la vida de un pueblo, de su paisaje y de sus gentes. El aforismo de Ramón y Cajal sirve de lema para la obra: La vida pasa, pero la imagen queda. Una vez más, don Santiago tenía razón: he ahí los cinco tomos de la obra, homenaje editorial casi imposible en otros pueblos de España. Y afirma Puerto: «La fotografía funciona —nos atrevemos a indicarlo— como una suerte de resurrección». Y, sin duda, de memoria. Este milagro editorial en los tiempo actuales tiene múltiples apoyos humanos, pero todo ha de materializarse en lo real; en lo concreto, lo abstracto no funciona. Por ello, la variada humanidad resucitada por José Luis Puerto se apoya en diversos mecanismos psicológicos, presentes aún en la Alberca. Dejando a un lado la joya albercana de la indumentaria femenina, resurgen otros mecanismos de apoyo, enumerados en la página once del estudio. La arquitectura secular es, tal vez, el mejor asidero, no hay más que enumerar sus componentes. Pero no olvidemos la copiosa relación del pueblo: la vestimenta, de tantas variantes, todavía milagrosamente conservada. Las fiestas y celebraciones tradicionales, la naturaleza y el paisaje, tan incorporados al pueblo. Y, sobre todo, los edificios, las labores masculinas y femeninas, los ámbitos y formas de convivencia y determinados objetos, casi fetichistas a veces. Pero, por encima de todo, se ven los rostros humanos y sus marcas indelebles.
La obra se ajusta a ocho bloques temáticos: El pueblo, Retratos individuales, Niños, Parejas, Grupos familiares. Grupos humanos, Fiestas, Celebraciones, Trabajos y Labores. Y, finalmente, fotos antiguas. La esplendidez popular en aportar fotografías parece infinita.