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Escena dramática

AYER SE CUMPLIERON 50 AÑOS DE LA MUERTE EN EL EXILIO DE CIPRIANO RIVAS CHERIF (1891-1967), CUÑADO DE AZAÑA, PREMIO NACIONAL DE LITERATURA Y PRIMER DIRECTOR TEATRAL MODERNO DE LA CULTURA ESPAÑOLA, QUE PUSO EN ESCENA A VALLE, A LORCA Y AL MEJOR CASONA.. divergente

Lorca con Rivas Cherif y Margarita Xirgú

Publicado por
ERNESTO ESCAPA
León

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L a oposición familiar cambió su afán de ser actor por el traslado a Bolonia, entre 2010 y 2014, donde se doctoró en Derecho e hizo dos descubrimientos decisivos: el teatro de los pequeños de Prodecca y la renovación escénica de Gordon Craig. También aprendió de las vanguardias europeas para dirigir diversas y sucesivas experiencias de renovación teatral: desde el Teatro de la Escuela Nueva o El cántaro roto al Mirlo blanco o El Caracol. La etapa más importante de su labor escénica cuaja entre 1930 y 1935 en el Teatro Español, donde dirige la compañía de Margarita Xirgu y estrena El otro de Unamuno, en 1932, Divinas palabras de Valle en 1933, La Sirena varada de Casona y Yerma de Lorca en 1934, a la vez que recupera el teatro de marionetas con la complicidad con Salvador Bartolozzi. Por otra parte, en el verano de 1933 pone en marcha el primer festival de Teatro Clásico en el teatro romano de Mérida, con el estreno de la Medea de Séneca traducida por Unamuno, y un año más tarde celebra el aniversario de la República representando en la plaza de toros de las Ventas El alcalde de Zalamea, de Calderón, con un éxito multitudinario. Así que de ningún modo puede decirse que Rivas Cherif fuera un intelectual menguado por su parentesco con Azaña, casado con su hermana pequeña. Aunque unos años más tarde aquellos clamores republicanos se incendian de venganza para traducirse en un lustro de pesadilla carcelaria, que concluirá en la colonia de El Dueso, entonces conocida como la Isla del diablo.

La sombra de esa infamia sólo se hizo manifiesta con la derrota republicana, al ser detenido el 10 de julio de 1940 por la Gestapo nazi en Pyla-sur-Mer, cerca de Arcachon, contando con la colaboración de agentes españoles, entre los que destaca el vallisoletano Pedro Urraca (1904-1989), responsable también de la detención de los fusilados Lluis Companys o Julián Zugazagoitia, con los que Rivas coincidirá en los calabozos de la Puerta del Sol. Urraca era el agente E-8005 de la Gestapo y en Irún se hacía cargo de los detenidos por los nazis para su traslado a Madrid. A Rivas, condenado a muerte el 21 de octubre, le conmutan la pena por 30 años de cárcel dos meses después, gracias a las gestiones de la Iglesia francesa. Entonces inicia un lustro de ‘turismo’ carcelario, que le llevará de Porlier (donde escribe la Carta de un condenado a muerte), al Puerto de Santa María, Yeserías y El Dueso, donde dedica su tiempo a la escritura y a la dirección teatral. Su Epístola a Amós Salvador, el Cuaderno de la prisión de Porlier o su Retrato de un desconocido (biografía de Manuel Azaña), que no editará hasta muchos años después, se pergeñan entonces, en muy difíciles condiciones de supervivencia.

En aquel lugar maldito que es El Dueso, adonde llega el 23 de septiembre de 1942, después de recorrer tres penales y una docena de cárceles, encuentra Cipriano Rivas Cherif una acogida afectuosa por parte de los presos, en su mayoría políticos, pero también comunes, que le permite recuperar después de nueve años el espíritu maltrecho del Teatro Escuela de Arte que fundara en 1933 en el María Guerrero. Gracias a Juan Sánchez Ralo, alcaide del penal amante del teatro y a la pasión por aprender de sus compañeros de presidio, pone en marcha el Teatro Escuela en El Dueso, que cotiza para la redención de penas por el trabajo. Y en aquel ambiente sin más control que el político, incorpora los hallazgos de su sueño escénico, como la Cúpula Fortuny, un sistema de luz indirecta para dar la impresión de luz natural, que su equipo construye con planchas de metal blanco. La había visto en la Scala de Milán y también en los montajes de Max Reinhardt. Durante unos años los presos ponen en escena clásicos de Calderón y Shakespeare, alguna zarzuela, comedias de Arniches y diversos espectáculos de variedades, además de dos piezas del americano Nobel Eugene O’Neill. Pero en marzo del 44 trasladan a Sánchez Ralo a Talavera y llega a El Dueso Justo Herráiz, «el cojo maldito», quien aprovecha el envío ingenuo de un par de fotos de los montajes a O’Neill para robarle la pluma a Rivas y componer una respuesta suya apócrifa «como hermano moro» (moro por cherif), rehusando un ofrecimiento subversivo contra Franco.

Aquel 6 de febrero de 1945 cesó toda actividad teatral y Rivas fue sometido a un encierro aislado dentro del penal. Durante esos once meses le destruyen a martillazos su cúpula Fortuny y él aprovecha para escribir más que nunca: poesía, teatro, memorias y algún texto narrativo. De ese doble confinamiento dentro del presidio surgen sus mejores textos: Retrato de un desconocido (biografía de Azaña), que ve la luz en Méjico, en 1961, Cómo hacer teatro. Apuntes de orientación profesional en las artes y oficios del teatro español (1991) y El Teatro Escuela de El Dueso. Apuntes para una historia (2010). Allí lo retrata en 1946 Santiago Montes Languas, adornado con abrigo diplomático y un libro con el dedo marcando su punto de lectura. El cuadro puede verse en el museo de Santander. El 18 de enero de 1946 recibió en El Dueso su «certificado de libertad definitiva», pero no pudo salir hasta el 16 de marzo en dirección a Madrid, donde lo persigue con especial inquina el inspector Madroñal, de la brigada político-social. Esos dieciséis meses en el Madrid ceniciento de mediados de los cuarenta vivirá acuciado por las delaciones intestinas y perseguido por los malentendidos del exilio. En septiembre de 1947 embarca en Cádiz para sus veinte últimos años de exilio americano.

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