poesía
Con fin secreto y transparente inicio
Y entre tus labios duerma Francisco Acuya Selección e introducción de Dionisio Pérez Venegas, Entornográfico, Granada, 2017. 187 páginas.

L a tradición poética antequerano-granadina (Espinosa, Carrillo y Sotomayor) y la pauta gongorina llegan renovadas a nuestros días merced a poetas que actualizan la exigencia formal en busca de la belleza del verbo y del concepto, desde una dinámica expresiva que fuerza la mecánica de la métrica y el ritmo, creando efectos poéticos cuya singularidad y elevación percibimos en poetas tan consistentes como Antonio Carvajal y Francisco Acuyo, granadinos, ajenos a la andadura fácil tanto como al estreñimiento formal. De Acuyo tratamos en esa ocasión, al hilo de la publicación de Y entre tus labios duerma , una antología de su ya extensa obra lírica, seleccionada y organizada por Dionisio Pérez Venegas, a quien se debe también la luminosa introducción que abre la puerta a la lectura de una poesía compleja que precisa de un lector inteligente y sensible a la vez, capaz de captar los matices conceptuales y las sinuosidades formales. Tomo algunas ideas del prologuista, que indica que «Acuyo es un poeta riguroso, con manifiesta exigencia artística en pro del significado expresivo de la forma y la elevación del asunto», con un especial sentido constructivo de los libros, riguroso también a la hora de modelar en unidad la palabra y el concepto. Su obra está en la estela de los clásicos latinos, los barrocos españoles y los maestros de XX (Jiménez, Lorca, Cernuda, Hernández) y del XXI (Carvajal); pero «Acuyo alcanza progresivamente una expresión personal sorprendente por el manejo de la lengua y una sintaxis personalísima», unida a un léxico exquisito, una honda conciencia artística y una «suavísima armonía musical». Alude Pérez Venegas a la complejidad de una poesía en la que «ciencia y poesía rozan lo hermético». Aún así merece la pena leer los versos de Acuyo, cuyo leguaje posee una fuerza connotativa y una armoniosa fluidez en la que se conjugan todos los resortes retóricos de un barroquismo moderno, heredero de la mejor tradición de nuestra poesía.
Todo tipo de versos medidos se dan cita en la poesía de Acuyo, con una variedad estrófica asimismo notable. La finalidad última es siempre la belleza, pero no una belleza inane y fría, sino cuajada de sonoridades y de pensamiento. Valga una breve muestra para corroborarlo: «Entre el hueco de cada / verso, un mundo de luces rubrica / exacto, sin resquicio / el arpa no tocada, / con fin secreto y transparente inicio».