Originales desmesuras narrativas
Celeste 65 José C. Valés Destino (Áncora y Delfín), Barcelona, 2017. 582 páginas

A utor de varias obras y ganador del Premio Nadal con Cabaret Biarritz (2015) José C. Vales se acerca ahora al mundo glamuroso de la Niza de 1965, localizando sus obligaciones en el famoso hotel Negresco. No es fácil una síntesis argumental de la obra, de casi seiscientas páginas, compuesta de ciento treinta y ocho capítulos con títulos y denominaciones sin aparente relación, que parecen títulos de obras autónomas. Se observa un estilo expresamente «desordenado» y satírico, con nombres propios u observaciones extrañas. En el fondo se trata de una novela de personajes o… de caricaturas más bien, por lo exagerado de su comportamiento expresivo. La existencia del famoso Hotel Negresco, algunos personajes muy populares y la relación permanente de su amiga Celeste (llamarla novia o amante sería algo descabellado) conforman el atractivo de la obra, algunos de cuyos capítulos se convierten en verdaderas novelas breves. Esencialmente, ese atractivo de Celeste 65 se apoya (aparte del nombre de la amiga y el año en el que todo ocurre) en tres factores esenciales: el primero son los orígenes del protagonista, hijo de una familia inglesa con negocios de explotación ganadera; el segundo, personalidad de trabajador inglés que empieza a vivir en Francia, contando con la diferencia de carácter. No es extraño que Laurine le diga: «Y a ti te están comiendo el cerebro igual que a mí me comen las servilletas de la tía Mildred que…». El protagonista viene de Inglaterra y es persona que ha sufrido un matrimonio, ha estado en tratamiento psiquiátrico con la doctora Val y es muy aficionado a los insectos, como se indica en el capítulo primero, Lepidócteros . Agravando la situación, el protagonista tiene que cambiar de nombre: de Linton Blint pasará a llamarse Nigel y a ser huésped del Negresco, al lado de la encantadora Celeste. De esta forma, la contraposición temática humana (soledad personal frente a la popularidad de los distintos personajes famosos, fealdad frente a la belleza de Celeste) se hace absoluta, como en lo personal o sentimental: «Afortunadamente, Celeste y yo no manteníamos una relación amorosa de tipo sudorífico y sentimental, así que ni nos exigíamos explicaciones ni necesitábamos justificaciones».