POESÍA
Traslaciones y carambolas
sátiras Arturo Dávila Hiperión, Madrid, 2018. 228 páginas

T raslaciones y carambolas llama a sus versos el mexicano Arturo Dávila, pues resuenan en ellos múltiples ecos de poetas clásicos y modernos, principalmente de los satíricos latinos (Marcial, Catulo, Juvenal) y españoles (Quevedo, Góngora...). No es para Dávila la poesía un templo en el que oficia sus ritos el poeta, sino un espacio desacralizado donde el oficiante se despoja del halo divino de que lo ha revestido la tradición. Sátira y humor se funden en su poesía. Cuando en la nuestra cunde lo abstruso para élites intelectuales o, en el otro polo, lo prosaico y vulgar, da gusto leer esta poesía desinhibida que procura la crítica regocijada más que la abstracción o el ensimismamiento. «Me interesa más ser feliz que ser poeta» ha dicho el mexicano, cuyo campo de creación es el epigrama, esos poemas breves donde reina la ironía y el ingenio, el humor y el desenfado, la invectiva, la burla y el reproche, siempre con unos versos finales que actúan como contraste con lo expresado antes, un aguijonazo final típico del epigrama, que tuvo y sigue teniendo al latino Marcial como su cima.
Sátiras es el título que acoge sus tres libros de poemas: Catulinarias (1998), Poemas para ser leídos en el metro (2003) y La cuerda floja , (2016). Observamos en el conjunto el verso jocundo y satírico-burlesco de Dávila, del que podemos poner un ejemplo inicial: «Para amarte más, me pides, / debo conocerte mejor, / pero a decir verdad, Lucila, / para amarte más, / entre menos te conozca, mejor». La sátira va dirigida contra actitudes y comportamientos, formas de ser y de obrar, aprovechando el contraste entre la belleza y su ajamiento, lo valioso y lo falso, la apariencia y la verdad, el triunfo y el fracaso, el poder y la caída... Hay sátiras políticas, morales y literarias. La belleza externa puede esconder la fealdad de alma, el dinero puede más que otros atractivos, la hermosura física de hoy será pasto del tiempo mañana.
Encontramos mujeres que se rodean de amigas otoñales para sobresalir entre ellas, hombres que desearían que las bellas jamás envejecieran, muchachas que se venden al poder o a la riqueza...Todo un mundo que procede de la observación de conductas y de la lectura de los satíricos más mordaces, como Quevedo, al que Dávila dice seguir en sus composiciones «jocoserias», y con la intención de introducir en el lenguaje poético de nuestro tiempo la experiencias de poetas de otras épocas.