Diario de León

poesía

El poema comienza cuando estalla la bombilla

museo de la clase obrera Juan Carlos Mestre Calambur, Valencia, 2018. 112 páginas

Publicado por
josé enrique martínez
León

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N os encontramos ante un nuevo reto de Juan Carlos Mestre, el poeta que ha arbitrado una nueva manera de entender la poesía y de decir el verso, diluyendo cada vez más las marcas tradicionales hasta abocar al discurso en prosa, que ya nutría libros anteriores como La casa roja (2008) y La bicicleta del panadero (2012) y que se adueña del nuevo poemario, Museo de la clase obrera . Nadie nace de la nada, y Mestre habita en una tradición en la que están poetas como Rimbaud o el mismo Antonio Gamoneda, por citar un par de nombres. Pero Mestre ha instituido una nueva escritura, un territorio poético personal y singular, ajeno al acomodo formal y temático de la lírica tradicional. La rebeldía por medio de la palabra va incidiendo cada vez más en la problemática que aqueja al mundo actual, a quienes lo padecen o han padecido con mayor rigor. En tal sentido, Museo de la clase obrera es un título bien explícito. El poeta se siente solidario de las gentes perseguidas, de las que lo han sido históricamente, de manera que las lacras del siglo XX, el nazismo, las guerras, los pueblos oprimidos o masacrados afloran en estos poemas que, si están en prosa, se hallan muy alejados de los poemas de tal estilo de Jiménez, Cernuda, Aleixandre o de cualquiera de los cultivadores nuestros del poema en prosa.

Lo que se llamaba el estro del poeta, algo así como una apasionada inspiración, es de largo alcance en el caso de Mestre, lo que da lugar a poemas extensos, a la acumulación de frases que prescinden de las marcas acentuales, dejando la unión de palabras y enunciados al arbitrio del lector, si bien y a pesar de la complejidad, no es difícil seguir el curso del discurso. No parece que haya un centro temático en una poesía que más que la concentración tiende a la expansión y la multiplicidad, tanto de las ideas como de los efectos. Más que un centro, su marca es, a mi parecer, la dispersión. De ahí que para el lector poco acostumbrado a las aventuras poéticas más arriesgadas, sea la de Mestre una poesía turbadora y poco complaciente, un lector que tiene que asumir que «las hojas que se desprenden de un sueño no tienen tierra sobre la que caer» o que «el poema empieza cuando estalla la bombilla». Por otra parte, los poemas avanzan cuajados de elementos culturales: pintores, músicos, filósofos, poetas, todos con minúscula, citas encubiertas y alusiones veladas: un nuevo reto para el lector, pero a la vez un aliciente.

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