Diario de León

poesía

El rumor de la vida

morada al sur y otros poemas Aurelio Arturo Visor, Madrid, 2018. 160 pp.

Publicado por
josé enrique martínez
León

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A utor de un solo libro, Morada al sur (1963), el colombiano Aurelio Arturo es un poeta medular en la poesía del XX en su país y, por lo tanto, en nuestra lengua. Voluntariamente reducido a un único poemario de solo catorce poemas, puede considerarse un poeta raro, de una rareza que, como alguien ha escrito, nos sigue conmoviendo. Traigo aquí la fundada opinión de otros tres poetas colombianos cuya obra se ha publicado en España: Álvaro Mutis confiesa que durante un largo tiempo no leyó otra poesía que el libro de Aurelio Arturo: «Esta deslumbrante invasión de la poesía no me había ocurrido nunca antes ni creo que me ocurra ya jamás. Es un milagro que no puede repetirse»; por su parte, Ramón Cote indica que Aurelio Arturo es un poeta esencial porque se enfrenta sin aspavientos, de modo natural, con el paisaje de su infancia, asumiendo con ritmo sosegado todo lo que lo rodea; el prologuista de la nueva edición, Cobo Borda, afirma que Aurelio Arturo es hoy día el más importante poeta colombiano, que sigue produciendo un intenso asombro, una inalterable fascinación; las causas parecen claras: su transparencia y a la vez su resonancia sonámbula, la unión de precisión y magia, de realidad y leyenda, de memoria e imaginación para cantar y transfigurar, así como para celebrar y exaltar la tierra, para humanizarla, creando un puente entre el hombre y las cosas.

La nueva edición incluye los catorce poemas de Morada al sur, siete más no incluidos en libro, algunos poemas póstumos y otros recogidos después por los lectores, más distintas traducciones de poemas en otras lenguas. Destaca en primer lugar la imbricación de la poesía del colombiano en el paisaje natal de infancia, montaña y selva, «noches mestizas» en las que «negras estrellas sonreían en la sombra con dientes de oro» y donde al despertar de las aves, «un ala verde, tímida, levanta toda la llanura; un paisaje lleno de noche y de luz, de «hermosos caballos que galopan bajo / asombrosas ramas», del «rumor de la vida». Un paisaje, en suma, activo y poderoso, en el que se alza la casa grande familiar, donde persiste «el humo lento alumbrado de remembranzas». El poeta rememora las vastas noches del sur, el habla «pulposa, casi palpable» de las mujeres, el piano que «llenaba de ángeles de música toda la vieja casa», la belleza del campo, «viva, sensual, sencilla», que el poeta expresa en soberbios poemas con títulos tan desnudos como Sol o Yerba , los dos que más me han cautivado.

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