Primores de lo vulgar
el rastro. historias, teoría y práctica Andrés Trapiello Ediciones Destino, Barcelona, 2018. 372 páginas

L a expresión azoriniana resulta adecuada para caracterizar el libro de Andrés Trapiello, un tratado sobre el Rastro. Muchos los autores le han dedicado su atención, pero la visión de Trapiello resulta definitiva. Cuarenta años dedicando la mañana a brujulear por el Rastro justifican la calidad de la obra. Es curiosa la observación de la mujer del escritor: «El Rastro, sin embargo, está siempre sucediendo, no se deja prender». Y escribe el escritor: «Pensar y prender el Rastro, teoría y práctica, eso me propongo aquí, sabiendo que también llego con retraso».. Y añade: «A lo largo de estos años he escrito, pues, mucho del Rastro sin acabar de descubrir del todo su misterio»
El libro hay que leerlo como un volumen de filosofía de lo diario: las casas, los muebles, los hombres… descubriendo en ello su misterio, porque, apunta en el prólogo: «El Rastro, tan cochambroso, es un lugar de poesía, de sutilezas». Ello explica acaso la bibliografía que ha generado, especialmente, el nombre de Mariano Hormigos, del que Trapiello afirma: «Nadie, en mi opinión, incluidos los clásicos (…) han contado lo que era la vida en el barrio del Rastro como él». Las cuatro partes de la obra persiguen este misterio.
En el libro se observan dos cosas: la gran facilidad de análisis y un registro literario expresivo, casi religioso, reflejo de su a sensibilidad. Y el convencimiento de que el Rastro no funciona con el reloj: «Los tesoros empiezan a venir cuando no se les busca». Este sentido del misterio le hace escribir: «El Rastro es un idioma» su fuerza justifica el comentario: «El Rastro nos da a la vida», haciéndonos «traperos de la cultura». La abundancia de sugerencias obliga al escritor a un receso en el pensamiento y en la escritura: «Recapitulemos: hemos dicho que vamos al Rastro no tanto a encontrar algo (que en cierto modo ya llevamos encontrado de casa) sino a reconocerlo».