POESÍA
Ojos pensantes
Para una teoría de las distancias Lorenzo Oliván Tusquets, Barcelona, 2018. 128 páginas

E n mi reseña del anterior poemario de Lorenzo Oliván, Nocturno casi , señalaba que la suya es una poesía inquisitiva que aspira a revelar lo que se oculta tras la superficie de las cosas. De ahí la importacia de la mirada, para resolverse después en reflexión. La poesía de Lorenzo Oliván, uno de los nombres inexcusables de la lírica actual, es una poesía de pensamiento y de cierta complejidad para el lector no acostumbrado. Lo percibimos en el nuevo libro, Para una teoría de las distancias , título que propone, a mi parecer, guardar un espacio entre el yo y lo otro para poder pensarlo y para que lo otro nos piense. Como indiqué, la mirada cobra especial relieve en la poesía de Oliván. «Mi ojos pensantes» es frase que alude a la mirada inquisitiva, indagadora, no meramente resbaladiza. Lo percibimos en el primer poema, «La ventana» como marco del paisaje. Ortega trazó en su día una espléndida «Meditación del marco» en la que, entre otras cosas escribe: «Un rincón de la ciudad o paisaje visto al través del recuadro de la ventana, parece desintegrarse de la realidad y adquirir una extraña palpitación de ideal». Oliván observa que la realidad enmarcada cobra superior significado, mayor presencia, lo que hace la propia poesía: «Escribir poesía es de algún modo / estar enfermo de buscar ventanas», es decir, de acotar un mundo e intensificar su presencia y su sentido. Es lo que pretende el poeta al indagar más allá de la corteza de las cosas.
La poesía misma es uno de los núcleos del pensamiento del poeta. Unos versos aclaran que es «en el poema donde nunca el yo / se sabe dónde empieza o dónde acaba»; en otros el referente es el fuego, en cuyo ser intuye «lo esencial / de otra forma. / Algo así / la escritura». La primera parte, de igual título que el poemario, termina con una pieza en la que el poema tiene como modelo el árbol, al que hay que podar y cuidar los brotes que no están (acaso los silencios) y acoger a todo lo que en él entra (tal vez los lectores). Otro tema de la poesía de Oliván es el tiempo y la memoria. En uno de los poemas opone la noche, en la que se ahondan las noches del pasado, a la luz del día que vive del instante, «plena de presente». Junto al tiempo, el discurrir de las cosas, que le atrae «porque nosotros mismos somos fugas». Mucho más cabría decir de esta poesía de síntesis que tiende a exprimir al máximo el sentido de la palabra; acaso por eso los poemas no necesitan ser extensos, sino intensos.