POESÍA
Esa emoción que llamamos belleza
siete cartas (a modo de arte poético) Ángel Fernández Benéitez Prólogo de Miguel Casaseca, Semuret, Zamora, 2018. 52 pp.

E stamos ante un libro de epístolas en verso. No es, como el poeta sabe, un género de moda, a pesar de su honrosa tradición y sus hitos memorables, con Horacio a la cabeza. El modelo horaciano fue el que siguió Garcilaso en su conocida epístola a Boscán, autor este también de epístolas admirables, como lo son las Diego Hurtado de Mendoza y Lope de Vega. La epístola en verso suele ser de carácter moral, familiar o literario. Garcilaso convirtió la amistad en el asunto de su epístola, escrita con estilo suelto en endecasílabos sin rima, lo que le permitió una mayor libertad expresiva. Entre los poetas de ahora no conozco a nadie que haya celebrado tanto la amistad como el granadino Antonio Carvajal en la mayor parte de sus libros, pero sobre todo en la sección Cartas a las amigos del poemario Un girasol flotante (2011), en la que sigue el molde garcilasiano, como en parte lo sigue Ángel Fernández Benéitez en estas Siete cartas que reseño. También este poeta zamorano cultiva la amistad en vida y en poesía, y lo hace con un estilo familiar, informal, como si le estuviera hablando al amigo, algo propio de la epístola en verso, que se sostiene, como aseveró Claudio Guillén, en la tensión entre su tendencia a la prosa y su tendencia a la poesía.
Las Siete cartas de Fernández Benéitez van dirigidas a poetas amigos como Luis Javier Moreno o Máximo Hernández, salvo la última, enviada al lector innominado de su poesía. Son cartas que discurren entre seriedad y el humor que faculta la amistad. He leído con especial gusto la dirigida a Tomás Sánchez Santiago (a quien ya había escrito otra en su libro Epistolio , de 1994), poeta que vive en León, una epístola reflexiva y moral que expresa una sana envidia amistosa: «Siempre quise escribir como tú, / dejando al adjetivo el juicio justo / y al sustantivo abstracto la inminencia / de toda la tensión que la vida fabrica / en esas sucesiones malditas de los años».
Las cartas son una celebración de la amistad, una sátira de las falsedades y mentiras y de la feria de vanidades en que a veces se mueven los poetas, expresión de un entendimiento de la poesía como un arte fundado «en la verdad que absorbe la belleza», sin dejar de lado la emoción y el deleite estético; en ellas expresa el poeta una actitud vital cercana a la que en su día poetizó fray Luis de León, el mediano pasar en el gozo de la naturaleza y lejos de «las ambiciones cortesanas».