Diario de León
Publicado por
JOSÉ ENRIQUE MARTÍNEZ
León

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Katy Parra (Totana, Murcia, 1964) aparece ante nosotros con dos libros de poesía avalados por sendos premios: Coma idílico y Por si los pájaros . El primero es, como ha escrito un crítico, «un ajuste de cuentas con la vida». El sujeto en primera persona tiene potente presencia, por más que la poeta hable de «versos a dos voces», pues el tú que se revela en algunos poemas no resulta más que una manera de desdoblar la primera persona. Y ese sujeto en el mundo, con sus alucinaciones y recuerdos, con sus laberintos interiores, es un yo indagador en sus fondos, en sus infiernos personales nada complacientes, en los desastres íntimos, las inclemencias del alma, las ruinas vitales que hacen que ese sujeto, trasunto de la poeta, vea su casa habitada imaginariamente por «contrabandistas del desastre» o que contemple a sí mismo como se mira a un desconocido: «quién es ese fantasma / que invade los espejos / y mis habitaciones». Nada parece aliviar esa sensación de derrota, ni la esperanza en un posible milagro, ni los mensajes de la fe inventada, ni las buenas intenciones de los que nos rodean, ni los disfraces de la felicidad que nos hacen entrar en ese «coma idílico» originado no por la alegría verdadera, sino por la que nos imponemos o nos imponen, la «obligada alegría». Cuando en un poema dice la poeta que no sabe «cómo resumir / el final de este cuento / sin usar la tristeza» nos está indicando la consecuente tonalidad sentimental del poemario. En una serie de poemas parece recurrir al pasado, a la niñez, por si allí se hallara el mundo al que uno podría aspirar, pero también en él asoman soledades, imposiciones e íntimas derrotas; si alguna vez se evoca con benevolencia, el tiempo o la ironía se encargarán de marcar la distancia entre el ayer y el presente. Sólo el sueño parece refugio verdadero, como expresa la «Nana de invierno»: «Sigue soñando, amor. / Esta será tu patria, / el único lugar / donde estarás a salvo de la vida». La poesía de Katy Parra, directa y cercana, golpea el ánimo como golpea la vida, porque es de la vida («una puta caprichosa») de la que nos habla, apuntando en línea recta al corazón de la desesperanza.

Los pájaros simbólicos -“deseos, alegrías- son más un deseo que otra cosa, una posibilidad, en Por si los pájaros , una lucha de amor, un «Balance de una historia que pudo ser de amor», como se titula el último poema. Y tal balance no es feliz: los pájaros no vuelan por un cielo azul o no acaban de batir sus alas en los balcones dulces del deseo. Nueva Safo, es el amor lésbico la pauta de estos poemas. Y es un amor guiado por la pasión, por la entrega sin condiciones y frente a cualquier restricción; un amor lujurioso y lascivo en el que el cuerpo es siempre una sinécdoque, un pubis, unos muslos, las ingles, los dulces licores que el cuerpo destila. Alguna vez se respira la dicha del amor, el placer físico en su más alta cumbre, pero el libro, en su conjunto es la negación del milagro, una historia de fingimientos, despropósitos, fracasos, ruinas, consunciones, heridas y recuerdos. De ahí que el sentimiento que finalmente predomina es el de la soledad y el tono el de la tristeza. También en Por si los pájaros la palabra es directa, contundente y estéticamente eficaz.

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