Diario de León
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T oda la obra de Modesto Llamas constituye una mirada hacia el interior. Tanto el expresionismo como el cubismo o el surrealismo han intentado cambiar la dirección del arte, dándole un carácter introspectivo, estableciendo como prioridad el mundo interno y subjetivo del artista y otorgando más valor a la idea que a las cosas. Reproducir la realidad, duplicándola, no aporta nada, sugerir y suscitar otro horizonte es lo que enriquece. Por esta razón, Modesto Llamas deja patente en toda su obra que lo realmente importante no es el qué, sino el cómo». Estas son las palabras con que hoy inicia Ana Cristina Pastrana su aproximación a Modesto Llamas, el pálpito de lo vivo en la serie El arte de mirar . Saber percibir por nuestra parte evidencia nuestra actitud para sufrir o descifrar de lo que nos rodea. Y es así como el mordaz expresionismo del pintor desmantela nuestras convicciones más profundas para dejar al descubierto el mundo mágico que escondemos. «Gesto y color -“añade la autora de este reportaje- es lo que caracteriza su obra. Se deja llevar por la intuición y la reflexión, dando prioridad a la improvisación antes que al control cerebral. Busca el equilibrio en el color, considerando que la textura es lo que hace sentir la obra de cerca, lo que define la huella personal del artista. Lo que retrata a los seres humanos no son las palabras, con las que mayormente se especula, sino el gesto. Estamos tan determinados por la cultura de vender que sacrificamos nuestros deseos en favor de los ajenos, acuciados por el miedo a que nos rechacen por ser diferentes. En muchas ocasiones desechamos la intuición y nos conducimos por los convencionalismos, anulando no sólo nuestra libertad, sino nuestra capacidad de crecer y creer en nosotros mismos».

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