Diario de León

JUAN JOSÉ FLORES. NOVELISTA

Una novela para verdaderos lectores literarios

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Aunque seamos malditas

Eugenia Rico. Ed. Suma, Madrid, 2008. 482 pp.

JOSÉ MARÍA MERINO

En los tiempos que corren, tan proclives al best seller de lectura vertiginosa e insípida, es muy de agradecer encontrarse con una novela como Aunque seamos malditas, resultado de un proyecto en el que es evidente la voluntad de lenguaje y de composición, al margen de las banalidades y sucedáneos al uso.

Para empezar, la riqueza de sugerencias del texto es abundante, y permite que nos aproximemos a él desde la perspectiva de varios temas. Uno sería el de la brujería -”en este caso tratada desde cierto castigo del «intrusismo»-” íntimamente ligada a lo que pudiéramos llamar la vulnerabilidad femenina. Otro sería el de la persecución de los otros, de los diferentes, de los más débiles. También encontramos en el texto el antiguo arquetipo del «doble»-¦ El abanico temático muestra esa ambición de propósitos que antes señalé, y que resalta en la forma como Eugenia Rico ha organizado la trama, mediante dos planos principales.

Uno de los planos está constituido por la historia de una mujer de hoy, Ainur, que regresa a un lugar familiar para investigar la historia de una lejanísima antepasada, Selene, una especie de sanadora al margen de las ortodoxias vigentes. Las peripecias investigadoras de Ainur, en un espacio marcado por una atmósfera desasosegante, en el que hay un evidente homenaje a ciertos extremos de la novela gótica, le permiten moverse entre personajes sombríos que van introduciendo en la novela sucesivas tonalidades de extrañeza. De forma especular, frente a las investigaciones de Ainur se desarrolla la historia de Selene y sus personajes cercanos, y aunque los personajes principales son Ainur y Selene, todo el conjunto ofrece un interesante repertorio de comportamientos marcados por difíciles circunstancias de acoso y presión social. Entre los personajes, en una sorprendente vuelta de tuerca, pero sin exceso, aparece incluso la voz de la propia autora, alguien que narra de pronto desde fuera de la historia sin por eso dejar de estar implicada en ella.

El juego especular propicia que nos movamos en dos escenarios, el del tenebroso pueblo actual, donde abundan los lisiados y los animales muertos, y el del no menos oscuro pueblo del pasado, con su hostilidad a la protagonista. Eugenia Rico ha conjugado con destreza los dos escenarios, tan separados por los siglos, consiguiendo una peculiar atemporalidad que los unifica, que permite integrar con naturalidad los distintos personajes y ámbitos en una especie de continuo espacio-temporal que es acaso uno de los mejores logros del libro.

Esta integración se debe, principalmente, a tres factores: por un lado, a la estructura del texto, fragmentaria, incluso laberíntica -”aunque no pierde nunca el camino narrativo-”, una estructura decididamente antilineal, que va consiguiendo incorporar los dos mundos y los dos personajes en una sola dimensión convincente. Por otro, al lenguaje, vigoroso, plural -“el estilo fragmentario es capaz de dar a la sucesiva narración, con toda desenvoltura, forma de poemas, textos autónomos, hasta microrrelatos-. Por último, al punto de vista, pues aunque pertenece a diversas miradas, parece fluir a través de la conciencia integrada de Ainur-Selene.

Esta es una novela para verdaderos lectores literarios, esos que colaboran en el desarrollo del texto mediante una lectura creativa y disfrutan en el empeño.

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