Poesía esencial en el tiempo
Nuestra poesía en el tiempo (Una antología)
Antonio Colinas. Ed. Siruela, Madrid, 2009. 608 pp.
JOSÉ ENRIQUE MARTÍNEZ
No debió de ser fácil la empresa en la que se metió Antonio Colinas, nada menos que una antología de la poesía en español desde sus orígenes hasta casi el presente, porque el límite es la muerte, quiero decir que no aparecen en ellas poetas vivos. Eugenio Montejo, de Caracas, que cierra la antología, murió en 2008, al igual que Ángel González. La tarea era arriesgada, porque son siglos de poesía e innumerables los poetas de uno y otro lado del Atlántico. Por eso Colinas se cuida de explicar con detenimiento las bases de su selección: «esta es la antología que yo he hecho de los poemas que he preferido» indica Colinas, que añade que el «canon estético» que la rige es «el de la emoción y el latido humano, el de la intensidad y el fulgor», el de la sencillez en cierto modo, puesto que la antología va dirigida especialmente al niño y al joven, si bien todo amante de la poesía puede acercarse a ella. Lo dicho es importante para entender la antología, dado que cualquier lector acostumbrado a la poesía echará en falta poemas de Trilce o de Poeta en Nueva York , pongamos por caso: no significa que Colinas no aprecie, ni mucho menos, esos poemarios, sino que ha preferido guiarse por criterios ajenos al experimentalismo y la complejidad. Se trata de ganar lectores jóvenes para la poesía desde la emoción y la claridad expresiva. Para esos lectores escribe Colinas una especie de carta-prólogo explicando lo que es la poesía, un resumen sencillo de lo que él entiende que es la poesía: lenguaje rítmico, oralidad que pervive en el ritmo de la respiración, relación con lo sagrado, unión de sentimiento y pensamiento, temática referente a una «realidad trascendida», intensidad, novedad o «palabra nueva», etc., acogiendo dentro de tales características poéticas diferentes y realizaciones diversas.
Desde la Edad Media hasta el momento presente la poesía española es de una riqueza extraordinaria. El lector hallará muestras medievales y de los demás siglos. No faltan los grandes poemas de nuestra tradición escrita («Coplas a la muerte de su padre») junto a los poemillas populares, anónimos o con autor conocido, caso de Gil Vicente. Una mera mirada al índice da cuenta de la selección antológica. Los grandes poetas están, con justicia, más representados: Garcilaso, Fray Luis, Juan de la Cruz, Góngora, Lope, Quevedo, Bécquer, Rosalía, y en el XX, Machado y Juan Ramón, principalmente, pero también García Lorca, Aleixandre, Alberti, Vallejo, Neruda, Panero, Claudio Rodríguez...
Como toda antología, y más si la hace un poeta, refleja gustos e intereses lectores del antólogo. Y esta no es una excepción. Pero al lector le gusta también verse reflejado en ella. Permítaseme, por poner un ejemplo, recordar el único poema de Ángel González presente, pero hermosísimo, el que yo prefiero: «Domingo, flor de luz, casi increíble / día. Bajas sobre la tierra / como un ángel inútil y dorado. Besas / a las muchachas / de turbia cabellera...».